Entrevista Eddie Campbell: ‘Mi libro sobre el dinero’

Siempre es un buen momento para hablar con Eddie Campbell. Pero si la editorial Astiberri y el Salón de Cómic de Getxo unen sus fuerzas para hacerle presentar su próximo ‘Mi libro sobre el dinero‘ en la XI Edición de este Salón, la entrevista es ya inexcusable.

Aprovechamos la ocasión para hablar con él también sobre ‘El amnios natal‘ y ‘Serpientes y escaleras‘ (recuperados ambos por Astiberri hace no demasiado tiempo), su relación con el ordenador como herramienta de dibujo y algunas cosas más que seguro os interesarán.

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Astiberri recuperó hace poco ‘El amnios natal’ y ‘Serpientes y escaleras’, ambas basadas en sendas performances de Alan Moore. ¿Qué fue lo que más te atrajo de la performance de ‘El amnios natal’ cuando la viste por primera vez?

Lo cierto es que no la vi en el sentido estricto de la palabra. Lo que pasó es que se publicó un CD un año después de que tuviera lugar la actuación y Alan me lo puso casualmente en una visita que le hice en 1998. Me pareció que la pieza era una evocación brillante de lo que era la vida de la clase obrera en la época en la que Alan y yo crecimos en Gran Bretaña. Había un sentimiento muy fuerte de experiencia compartida en todo aquello, de que ese trabajo capturaba el espíritu de un tiempo y de un lugar en concreto. De todos modos, no creo que ese hecho dificulte la lectura de ‘El amnios natal’ para aquellos que no pertenezcan a ese tiempo o a ese lugar. Lo mejor de leer es que uno tiene la oportunidad de viajar mentalmente a cualquier sitio y comparar cómo es la vida allí con la que uno tiene en realidad. El trabajo de un escritor es el de encontrar qué cosas son universales y volcarlas sobre el papel.

¿Cuál fue el mayor reto de traducir ese trabajo en imágenes?

A lo largo de la escucha surgieron muchas imágenes dentro de mi cabeza, especialmente de las partes que hacen referencia a la escuela y a la infancia. Trabajar a partir de ellas no supuso ningún problema. Le pregunté a Alan si le importaba que hiciera un libro con todo aquello, y él me dio su visto bueno.

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¿Tuviste algún feedback por parte de Alan Moore mientras estabas dibujando ‘El amnios natal’ o creaste un trabajo 100% independiente a partir de sus palabras? Me atrae esa idea de yuxtaponer los trabajos independientes de dos personas y el ver cómo cada uno de esos trabajos ilumina al otro…

Simplemente tiré hacia adelante y dibujé todo el libro siguiendo una transcripción de las palabras de Alan que hice mientras escuchaba el CD. Como él no había previsto que la obra fuera traducida alguna vez a imágenes, no guardó ninguna copia del guión y tuve que hacerlo así. Nunca discutimos ningún aspecto de la obra. Todo sucedió de un modo muy natural, disfruté mucho más con este trabajo que con la rígida estructura de ‘From Hell’.

No sé si será por que es un medio con el que me siento más cercano, pero creo que un cómic es un modo más adecuado que una performance para expresar el tipo de ideas abstractas que basan tanto ‘El amnios natal’ como ‘Serpientes y escaleras’. Tengo la sensación de que la información visual que se le da al lector puede enriquecer la lectura con ideas relacionadas a las que tal vez no hubiera llegado de otro modo.

Además de eso, el tener impresos sobre el papel unos trabajos tan complejos como éstos te da la oportunidad de moverte a través de ellos hacia adelante y hacia atrás para asimilarlos y comprenderlos de un modo más profundo. En una performance, en cambio, eres arrastrado por el discurso sin tener ocasión de detenerte en una idea o en un detalle concreto.

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A pesar de no contar con una narrativa lineal, ‘El amnios natal’ sigue al menos una dirección y un sentido temporales que nos hacen viajar hacia ese mismo útero materno del que partimos… y más allá. En ‘Serpientes y escaleras’, en cambio, perdemos incluso esa guía y la narración se mueve en unos parámetros aún más abiertos.

Hay un viaje espiritual representado por la ascensión a través de las esferas pero hay un sentido de la estructura mucho menor, sí. Fue mucho más difícil hacerlo funcionar sobre el papel. Hay uno o dos grandes momentos (por ejemplo la escena del baile de la chica con la serpiente y la de la escalera espiral de doble hélice) y luego un montón de sudor para intentar hacerlos funcionar. Lo cierto es que cuando funciona puede ser una obra bastante mágica… o al menos eso espero.

La editorial Astiberri está a punto de publicar ‘Mi libro sobre el dinero’. Esta obra parece ser el siguiente paso natural tras ‘El destino del artista’, ¿verdad?

Ciertamente, y ese trabajo era la consecuencia lógica de los dos volúmenes de ‘Alec’. Si uno tiene el proyecto de construir la autobiografía de toda una vida, tiene que dar la sensación de estar siguiendo un camino que lleva a algún sitio. Cada trabajo debe suponer algo y no ser sólo otro volumen más. Al escribir este nuevo libro estaba pensando en el dinero, en cómo adorna nuestra vida y en cómo se vuelve también el motivo de las peleas más amargas. Trato un tema más serio que en otras ocasiones.

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Después de tantas reticencias, el uso del ordenador cobra mucha importancia en esta obra.

Supongo que el ordenador se ha convertido en la herramienta para crear imágenes, del mismo modo en el que la guitarra eléctrica se convirtió en el instrumento para crear música en las décadas de los 50 y 60.

¿Cuándo prefieres dibujar un lugar o un personaje y cuándo prefieres editar una fotografía ya existente para recrearlo?

Me gusta usar todo lo que tengo a mano para crear mis dibujos y hacer lo que creo que necesita cada uno de ellos, aunque a veces me lleve mucho más trabajo que simplemente dibujarlos. Para una de las páginas, por ejemplo, decidí hacerme una fotografía, recortar mi pelo y utilizarlo para completar el personaje (no fue un proceso tan sencillo como lo explico, pero bueno). Siendo el cómic el medio que es, tuve que hacerlo también en el resto de páginas y acabé tardando mucho más de lo que hubiera tardado simplemente en dibujarlo.

¿Tiene algo que ver este uso del ordenador con los colores vivos que utilizas de un tiempo a esta parte?

Evité colorear a través del ordenador durante muchos años porque nunca lograba articular mi propia voz al hacerlo. Pero un buen día, jugando con unos paneles de ’The Playwright’ una vez terminada la obra, encontré un modo de hacer que los colores fueran más expresivos. Cuando pinto me sobrevuela la caótica sensación de que la vida va a irrumpir en cualquier momento y va a dar al traste con todo lo planificado. Los colores se mueven de un lado a otro de forma aparentemente aleatoria, las opciones desechadas aparecen de repente de forma velada por entre las capas de la pintura… Un cuadro debería tener su propia vida y yo no conseguía encontrar eso en los trabajos que hacía por ordenador. Hasta que un buen día descubrí cómo podía hacerlo.

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A pesar de ser muy creativo a la hora de representar las formas que llenan tus viñetas, te sigues ciñendo a la clásica rejilla de 9 cuadros. Es curioso, porque mientras la mayoría de los dibujantes tratan de innovar en la diagramación de sus obras, tú pareces tener más interés en exprimir al máximo este formato clásico.

Las diagramaciones extravagantes no son más que un truco. Yo estoy más interesado en desarrollar un lenguaje simbólico y usar esa secuencia de un modo más sofisticado que el que normalmente se emplea para representar el movimiento del tiempo. Los comics manejan un lenguaje gráfico a través del que se puede expresar literalmente cualquier cosa. Podemos tirarlo abajo y volverlo a construir con las mismas piezas para contar las grandes historias de nuestro tiempo. Y lo podemos hacer de un modo personal y honesto porque, al contrario de lo que sucede con la televisión y el cine, no requiere demasiada cantidad de ese dichoso dinero del que hablo en mi libro.

Texto completo de la entrevista mantenida para el número 57 de la revista AUX Magazine

Entrevista a Eddie Campbell por ‘Alec’

A pesar de ser conocido por el gran público principalmente como el ilustrador de la novela gráfica ‘From Hell‘ de Alan Moore, el escocés Eddie Campbell es uno de los historietistas más interesantes que podemos encontrar ahora mismo.

En este caso le entrevistamos para la revista AUX Magazine con motivo de la publicación en dos volúmenes de ‘Alec‘ en la editorial Astiberri.

¿Por qué te de decantaste por un trabajo autobiográfico como ‘Alec’?

Me encantan las viejas tiras cómicas que tratan sobre el día a día de sus personajes, como ‘Gasoline Alley’ y el trabajo de Clare Briggs y Tad Dorgan. No parecía haber un equivalente a ello en mis tiempos, y no tuve más remedio que crearlo.

¿Te sientes uno de los padres del boom autobiográfico que se produjo posteriormente? 

¡Una demanda de paternidad! Lo niego todo. Soy bastante escéptico respecto a la idea de que una cosa pueda engendrar otra cosa en el arte. No creo que la historia del arte sea una historia continua y no creo que el trabajo de otra persona tenga por qué estar relacionado con el mío sólo por desarrollarse en el mismo medio. Me interesa mucho más fijarme en cómo están relacionadas las cosas a través de los diferentes medios y en el mundo en general.

El lugar que ocupa Alec MacGarry cambia drásticamente a lo largo de ‘Alec’, pasando de ser el narrador de las vidas de aquéllos que lo rodean (en ‘La peña del King Canute’), a ser el catalizador de las reflexiones de otros sobre diversos temas (en ‘El destino del artista’, publicado independientemente hace poco). 

Sólo tiene sentido hablar de personajes cuando se habla de una ficción convencional, que es algo en lo que no estoy demasiado interesado. Cada vez confío más en ese sentimiento que me dice que no tengo por qué seguir las reglas de la ficción… eso puede explicar los cambios que mencionas. Creo en una escritura más directa, que pueda tener algo que decir al mundo mientras crea su espectáculo de marionetas.

Parece que destruir todos los mitos que hay alrededor del cómic fuera uno de tus mayores hobbies. En ‘Cómo ser artista’, por ejemplo, prefieres hacerlo derivar de los grafitti de la antigua Roma que hacerlo descender del tapiz de Bayeux

No creo que jamás haya conseguido destruir las benditas convicciones que nadie pueda tener sobre los sagrados orígenes de esta cosa llamada cómic, pero tienes razón al concluir que yo no comparto ninguna de ellas. Veo los comics como una manifestación moderna del envés del arte, una celebración tanto de lo cotidiano como de lo humorístico. En tiempos antiguos esa celebración bien pudo haber sido un simple garabato en la pared de una casa. No me interesa la idea de que haya un medio basado en imágenes secuenciales, que este medio se llame cómic y que siempre haya existido tal y como lo conocemos. Es una idea que puede llevar a razonar de modos poco estrictos y a malinterpretar el uso de los artefactos antiguos.

Haces una clara distinción entre los autores de comics de superhéroes y los autores de novelas gráficas, siendo Alan Moore uno de los pocos autores que sitúas a caballo entre los dos mundos. 

Hay sin duda una clara distinción entre los comic books norteamericanos y otro tipo de cómic que ha aparecido a lo largo de los últimos treinta años largos. No importa demasiado cómo llames a estos dos tipos de comics, pero son dos cosas diferentes. A esto que yo hago le podrías llamar Novela Gráfica, que fue lo que decidió Will Eisner un buen día, pero resulta que el mundo de los comic books ya ha tomado posesión de ese término y ha decidido que el único significado que tiene hace referencia al formato en el que una obra ha sido publicada. Así, los polos entre los que se mueve el mundo del cómic son Serialización y Novela Gráfica, cuando deberían ser Novela Gráfica y Comic Book de Superhéroes. Esa es la distinción a la que yo me refería en ‘Alec’, pero ahora, con el paso del tiempo, parece ya una causa perdida.

¿Aún te sientes cómodo con esa técnica garabateada en tinta por la que te conoce el gran público? 

Lo cierto es que no, y, de hecho, llevo algún tiempo intentando alejarme de ese estilo. Parte de ese trabajo se ha podido ver ya en ‘El destino del artista’. Ahora estoy intentando dar un paso adelante más y estoy creando mis pequeños dibujos casi íntegramente a través del ordenador. Siempre había evitado el uso del Photoshop porque no era capaz de hacer que el resultado pareciera lo suficientemente natural, pero ahora me siento bastante cómodo pintando digitalmente.

¿Cómo fue echar la vista atrás a todos estos volúmenes de ‘Alec’?

Lo primero que me llamó la atención es que mi antigua forma de hacer dibujos no está en sintonía con las nuevas tecnologías. Todos esos patrones de tono con los que solía trabajar, por ejemplo, fueron muy difíciles de convertir a digital. El trabajo de digitalización mereció la pena, no me cabe duda, pero hay formas mucho más sencillas de conseguir ese resultado partiendo de cero. No tuve demasiadas tentaciones de cambiar la información que mostraban mis antiguas ilustraciones, pero sí que he eliminado algún objeto o definido mejor algún trazo en los casos en los que me ha dado la sensación de que la narración no estaba siendo lo suficientemente clara. Aun así, no creas que ha habido demasiadas correcciones. Uno de mis objetivos era el de preservar las diferentes voces con las que se expresa mi anterior yo a lo largo de esos volúmenes, al fin y al cabo creo que ése es uno de los atractivos de este libro: ver cómo la perspectiva de uno cambia a lo largo del tiempo a medida que pasa de ser un soltero a ser padre, etc.

El estilo y la técnica narrativa de ‘Cómo ser artista’ lo convierten casi en un estudio erudito sobre la historia de la industria del cómic y del modo en el que ésta ha evolucionado… 

Esa parte intenta ser la historia de un periodo importante de un movimiento artístico llamado cómic, pero sobre todo quería representar el patrón que siguen todos los movimientos artísticos al desarrollarse. Necesitaba recrear todos los detalles y eso me hizo tener que crear la sensación de que hubiera muchas voces contando la historia. No se me ocurrió mejor forma de hacerlo que usando retazos de la obra de todos esos artistas de los que hablo. Cada una de ellos aporta algo al sentido global del discurso, disfruté mucho con ello.