Entrevista a Peter Bagge: ‘Bat Boy’

A pesar de ser especialmente conocido por su serie ‘Odio‘, hay mucho Peter Bagge escondido tras el personaje de Buddy Bradley.

Nacido en Peeksill, cerca de Nueva York, en 1957, Peter Bagge entró en contacto con el cómic underground durante su estancia en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York. Lo que más le fascinó fue el trabajo de Robert Crumb, con quien pudo colaborar cuando éste lo ficho para ‘Weirdo‘ después de ver algunos de sus trabajos. ‘Neat Stuff‘ fue el primer cómic propio de Peter Bagge y fue allí donde Buddy Bradley, un adolescente alienado y pesimista, se destapó como un personaje lo suficientemente prometedor como para protagonizar su propia serie bajo el título de ‘Odio‘.

A continuación podéis leer la entrevista que le hicimos para el número 53 de la revista AUX Magazine con motivo de la publicación de Bat Boy (Ediciones La Cúpula, 2011): una recopilación de sus tiras dedicadas a este personaje y publicadas en el ya desaparecido Weekly World News.


Para empezar, ¿quién o qué demonios es Bat Boy?

Bat Boy es un personaje de ficción creado por el periódico satírico Weekly World News, publicación que, tristemente, dejó de editarse hace ya algún tiempo. El periódico publicó sus andanzas durante décadas. Era un niño de diez años que era mitad murciélago y que, de un modo o de otro, terminaba siempre por verse envuelto en todos los eventos noticiables que se iban sucediendo.

¿Cómo nació la idea de tu colaboración con Weekly World News creando estas tiras de ‘Bat Boy’ allá en 2004?

Un editor se puso en contacto conmigo para pedírmelo, dándome toda la libertad a la hora de decidir cómo iba a seguir con el personaje. Finalmente decidí ceñirme al formato que ellos estaban utilizando en las noticias falsas que le estaban haciendo protagonizar al personaje hasta entonces.

Esta serie dedicada a Bat Boy fue publicada en formato tira. ¿Qué ventajas y desventajas encontraste en este formato respecto a otros que habías utilizado con anterioridad?

Ese cambio de formato supuso una novedad bastante interesante para mí. Me gustó mucho trabajar de ese modo, aunque también terminé por cansarme de ello. Ese fue el motivo real por el que abandoné las tiras al cabo de un par de años. El formato tira me dio mucha libertad creativa y yo me lo pasé muy bien aprovechando esa libertad.

Las tiras de ‘Bat Boy’ están llenas de personajes famosos. ¿En qué te fijaste a la hora de utilizar a cada uno de ellos en un espacio tan reducido?

Siendo, como te comentaba, un periódico satírico aquel Weekly World News, tenía que utilizar a cualquier personaje que estuviera de actualidad aquella semana: Bin Laden, Martha Stewart (que pasó un tiempo en la cárcel por aquel entonces), Ralph Nader, Beyonce, etc. Una vez elegidas mis víctimas, sólo me quedaba hacerlas cruzarse en el camino de Bat Boy del modo más absurdo que pudiera imaginar.

Al utilizar a esas personas públicas, supongo que jugarías en la medida de lo posible con la idea que el público en general tenía de ellas…

En eso consiste precisamente el trabajo de un dibujante satírico: en llevar hasta el extremo esa imagen pública y distorsionarla hasta sacarle todo el jugo.

Echemos la vista atrás por un momento. Tuviste la suerte de conocer a Robert Crumb y a Art Spiegelman cuando tu carrera aún no había despegado… ¿de verdad que no te dieron ganas de dejar de dibujar después de eso?

(Risas) La verdad es que fueron unos encuentros muy inspiradores, aunque lo fuera cada uno de ellos por razones diferentes. Crumb en particular fue siempre un ejemplo para mí, ¡es el más grande de todos los dibujantes!

Y fue precisamente Crumb quien te dejó al cargo de ‘Weirdo’ antes de que te cambiaras a Fantagraphics para publicar ‘Neat Stuff’. ¿Cómo cambió tu modo de trabajar con ese cambio de editorial?

Mi forma de trabajar no cambió demasiado, aunque aquella fue una oferta muy importante para mí. Fantagraphics me había ofrecido publicar mi primer álbum en solitario… era algo tan bueno que no pude rechazarlo.

A pesar de que la primera vez que supimos algo de los Bradley fue en el año 1980, la serie dedicada a esa familia no eclosionó hasta ‘Odio’, tu obra más conocida. ¿Qué ha supuesto ‘Odio’ en tu carrera?

Buddy Bradley ha sido mi personaje más autobiográfico y creo que es eso precisamente lo que lo ha convertido en mi personaje más popular. Supongo que, siendo esto así, no me sorprendí demasiado al ver que el título dedicado a ese personaje en solitario, ‘Odio’, se estaba convirtiendo en mi trabajo más exitoso. Sigues trabajando en ‘Odio’, a pesar de que ahora sus volúmenes sean vagamente anuales.

¿Nunca has pensado en abandonar estos personajes para siempre?

Es una diversión demasiado grande como para hacerlo. Siempre me gusta volver a trabajar con Buddy y Lisa, la única pena que tengo es la de no poder dedicarles más tiempo.

Tu dibujo es muy cinético, en ocasiones me recuerda a los viejos dibujos animados de las décadas de los 40 y 50.

Puede haber algo de eso, sí. De hecho, siempre he sido un gran admirador de los dibujos animados que hizo la Warner Bros en los 40 y 50. Supongo que mi descabellado modo de dibujar ha ido evolucionando naturalmente a partir de mis particulares filias y fobias.

¿Con qué herramientas de dibujo te sientes más cómodo?

¡Nunca me siento cómodo dibujando! Tengo que decir que no me gusta nada todo el proceso, no disfruto de él precisamente, pero suelo usar pinceles y plumas la mayor parte del tiempo.

Y en ese modo de dibujar, ¿hay también sitio para el ordenador?

Suelo escanear todo lo que dibujo y normalmente termino de hacer los retoques finales en Photoshop, donde también modifico los colores en caso de que sea necesario. Pero sobre todo, ¡lo más importante es cuando mando los originales ya terminados al editor a través del correo electrónico!

Has trabajado tanto el cómic underground y alternativo como las franquicias más conocidas. ¿Dónde te sientes más cómodo?

En este momento de mi carrera me encuentro cómodo en ambos mundos. Los editores de esas franquicias más conocidas te hacen seguir muchas más reglas, pero hasta ahora siempre he logrado dar con algunas ideas propias que encajen en todas esas reglas.

A todo esto… ¿qué demonios es un cómic underground? ¿Es tan diferente del resto como para llegar a necesitar una denominación propia?

Solemos usar el término underground para describir unos comics creados mayoritariamente en los años 60 y 70, y que en aquel entonces eran ilegales debido a su contenido sexual o político. Con el paso del tiempo, este tipo de comics han ido evolucionando hasta llegar a integrarse en lo que hoy en día se conoce como cómic alternativo.

¿Hay futuro más allá de la novela gráfica?

Tristemente, ahora mismo parece que no. Sólo las novelas gráficas son rentables.

La Rosa Candida de Auður Ava Ólafsdóttir

La novela ‘Rosa Candida‘ de la islandesa Auður Ava Ólafsdóttir ha sido el último de los fenómenos de una literatura nórdica que nos tiene más acostumbrados a tratar temas policíacos que historias poéticas como la que nos ofrece esta autora.

Eso es lo que nos hizo entrevistarla para la revista AUX Magazine en un texto que reproducimos a continuación y que se publicó originalmente bajo el título ‘Una rosa entre la lava‘.

El éxito de la trilogía ‘Millennium‘ de Stieg Larsson consiguió acercar a nuestras librerías la literatura nórdica, pero también nos hizo creer que los vikingos disfrutan de la literatura si y sólo si hay un mínimo de un crimen de por medio… siendo siempre preferible que haya alguno más, claro está.

Auður Ava Ólafsdóttir, autora del último de los descubrimientos literarios al otro lado del Atlántico Norte, nos avisa de que “en las páginas de ‘Rosa Candida‘ no hay ningún asesinato. La literatura negra“, sigue, “no es más que un fenómeno internacional relativamente nuevo en Islandia que usa algunos clichés y estereotipos de género que la hacen igual en todas partes. Yo estoy particularmente interesada en los grandes eventos de la vida, como el nacimiento, la muerte y… realmente todo lo que sucede entre medias: especialmente el modo en el que llegamos a entrar en contacto con otras personas y cómo esas relaciones que vamos estableciendo terminan de conformar quién somos”.

Rosa Candida‘ cuenta la historia de Lobbi, un joven de 22 años que emprende un largo viaje después de la muerte de su madre. A pesar de que el objetivo más visible de ese viaje sea el de hacerse cargo del jardín de un monasterio al que llevará unos ejemplares de la Rosa Candida que da nombre a la novela, su objetivo real será el de hacer que Lobbi llegue a conocerse a sí mismo. “Podría decirse que ‘Rosa Candida‘ es una novela existencialista“, comenta la autora al hilo de esto, “pero yo prefiero pensar que es una novela imposible de clasificar”.

Auður Ava Ólafsdóttir ha querido escribir una historia llena de poesía, que “sublime los lugares comunes del día a día hasta convertirlos en algo más elevado“. Éste ha sido su modo de tratar de “expresar algo complejo de un modo muy simple. Quería que el libro fuera de fácil lectura, pero que, aun así, resultara profundo. Si el lector profundiza lo suficiente en el texto, podrá encontrar en él los conflictos filosóficos que han caracterizado desde siempre la existencia humana”.

“La publicidad y los medios de comunicación dan normalmente una imagen muy simplista de lo que es un hombre”, explica la autora al preguntarle por el nuevo arquetipo masculino que ha creado al dar vida a Lobbi. “Así que decidí contar la historia de cómo un joven se convierte en adulto a través de la paternidad. Mi héroe no es el primer hombre del mundo en recibir la llamada de una extraña para informarle de que ésta está esperando un hijo suyo. Me he querido centrar en los diferentes roles que desempeña el hombre a lo largo de su vida (hijo, hermano, padre, amante…) para construir esta historia que quiero que se perciba como un homenaje a los hombres.

Otra de las cosas en las que he querido profundizar”, prosigue, “es la sensibilidad masculina. Y para ello he tenido que romper con algunas ideas preconcebidas de lo que es un hombre y de lo que es una mujer. He decidido crear mis personajes sin tener en cuenta su sexo, olvidándome de todo prototipo anteriormente creado”.

El lenguaje es algo muy importante en todas las novelas de la islandesa, y en este caso es el encargado de aislar a Lobbi y de hacerlo volcarse sobre sí mismo. “Pienso”, explica la autora, “que el lenguaje está sobrevalorado en la comunicación humana, no creo que sea posible conocer a otras personas sólo a través de las palabras. Dicho esto, también creo que es una herramienta que se usa de un modo demasiado poco efectivo hoy en día. Más que para entender el mundo, parece que se use para justificar quién manda sobre él y para domeñarlo a los deseos de ese alguien”.

“De pequeña”, prosigue sobre este tema, “enseguida fui consciente de hablar un idioma entendido sólo por unos pocos e inaccesible al resto del mundo. Y como escritora creo que es un gran privilegio éste de poder escribir en un idioma hablado sólo por 320.000 personas. Cada uno de los idiomas que hay en el mundo es igual de importante que el resto porque da forma a un modo único de pensar. El joven protagonista de ‘Rosa Candida‘ viene de una isla y habla un idioma utilizado por muy poca gente. Pero, cuando llega a su destino, se pone como meta aprender un dialecto hablado todavía por menos gente. Nada de eso es una coincidencia”.

Estas ideas sobre el lenguaje se van desarrollando a lo largo de toda la novela de diferentes formas. El padre Thomas “habla muchos idiomas pero no consigue entender mejor por ello las cosas que suceden a su alrededor”, el hermano de Lobbi “es un autista que no sabe mentir”… y todo ello hasta llegar hasta nuestro protagonista y a su obsesión por el cuerpo, la comida (otra forma de convertir en tangible lo intangible) y la belleza. Y es que “en algunas ocasiones”, explica la escritora, “todo lo que uno puede hacer para conocer a alguien es sentir su cuerpo”.

Es una pena que la traducción del título que hace la edición en castellano de esta novela pierda, inevitablemente, la polisemia original. ‘Afleggjarinn‘ tiene “un total de tres significados: el primero de ellos es una carretera secundaria, un camino que cuenta con innumerables vueltas y revueltas y que no sabes demasiado bien adónde puede llevarte; el segundo de ellos es una flor, esta Rosa Candida que ha sido elegida como título en castellano, y por último también es así como se le llama a un niño que es hijo tuyo”.

La riqueza de estas acepciones toma cuerpo en la hija de Lobbi: una niña presentada como un ser maravilloso que cura los achaques de las ancianas vecinas de nuestro protagonista y que tiene un misterioso parecido con una escultura del niño Jesús que hay en la iglesia del pueblo. Y es que “¿no son los niños la luz del mundo?”, se pregunta la autora. “Y también son su futuro. Tratando el libro el tema del crecimiento a través de la paternidad, ¡era inevitable que saliera algún niño!”

Entrevista John Cale: ‘Extra Playful’

Conocimos a John Cale como el científico loco que había detrás de The Velvet Underground. Mientras que Lou Reed era el encargado que dotar a la formación de la necesaria actitud convirtiéndose en su rostro más visible, John Cale daba la sensación de ser el último responsable de ese sonido que tantas puertas ha abierto con el paso del tiempo.

Puede que esta imagen que tenemos de John Cale como cerebro experimentador de The Velvet Underground no sea más que el resultado de su trabajo previo con artistas como John Cage, pero la trayectoria posterior del galés no ha hecho más que confirmar está sensación.

Después de haber transitado por los terrenos minados de la música minimalista experimental y del avant-garde, John Cale ofrece en ‘Extra Playful‘ cinco canciones llenas de frescura que nos dan una idea de lo que puede ser su siguiente trabajo de estudio.

Esta es la conversación que mantuvimos con él con la excusa de la publicación de este EP y que publicamos en el número 53 de la revista AUX Magazine bajo el título de ‘Jugando con el maestro‘.

AUX Magazine: Tu última grabación de estudio es el EP ‘Extra Playful’. Tanto la música de las cinco canciones que componen el disco como el propio juego de palabras de su título (EP, ‘Extra Playful’, ‘Extra Lúdico’) parecen invitar a pasárselo bien…

John Cale: En efecto, eso es lo que busqué desde el principio con este trabajo. Siempre he oído hablar de mí diciendo que soy muy serio, muy intelectual, muy melancólico y meditativo… Así que simplemente pensé que podría ser una buena idea mostrar mi otra cara para cambiar un poco.

¿Es este EP un adelanto del camino que seguirá tu próximo disco, o simplemente un reflejo de lo que te apetecía hacer en este momento?

Hay un poco de las dos cosas. Había reunido demasiadas canciones como para grabarlas todas en un álbum, y algunas de ellas las había estado tocando en directo el suficiente tiempo como para ver cómo iban evolucionando hacia algo totalmente diferente. Me pareció que esos temas ya estaban listos para ser grabados y que, además, podrían servir a modo de pista sobre lo que puede esperar el público de mi próximo disco.

El EP empieza con toda una declaración de intenciones: “di hola al futuro y adiós al pasado”. ¿No es eso lo que llevas haciendo desde el principio de tu carrera?

Es verdad que no me gusta repetirme demasiado. Siempre prefiero tirar hacia adelante y doblar la esquina sin mirar atrás, aunque no sepa lo que puede esperarme allí. Ese no saber lo que te espera me parece mucho mejor que estar seguro de que ya has hecho lo mismo una y otra vez.

A pesar de que en este caso te hayas alejado del avant-garde de tus grabaciones anteriores, las canciones de ‘Extra Playful’ parecen más actuales que otras compuestas por otros músicos mucho más jóvenes que tú. No sé si esta actualidad es algo que buscas de un modo consciente…

Me siento muy halagado por ese comentario, pero no pienso demasiado en eso a la hora de componer. Supongo que esa actualidad es el resultado de sentirme conectado a todo lo que sucede hoy en día a mi alrededor…

A pesar de esta modernidad de la que te hablaba ahora, la verdad es que tu carrera parece un delicado equilibrio entre expectativa y experiencia. De hecho te tuvimos hace poco tocando tu
‘Paris 1919’ entero.

Siempre me gusta mezclar las cosas, me parece que esa mezcla hace que todo sea mucho más interesante. Empecé a representar esos espectáculos basados en ‘Paris 1919’ porque mis seguidores llevaban ya 30 años pidiéndome que lo hiciera, pero he intentado representarlos sólo en ocasiones especiales. No me gustaría hacerlo a lo largo de toda una gira… Eso me volvería loco, me parecería demasiado predecible.

Hablemos un poco sobre algunas de las canciones de este EP. ‘Catastrofuk’, la primera de ellas, es muy luminosa, con una melodía que se pega al momento.

¡Si esta canción te hace sentir feliz es porque la felicidad ya está en ti! (Risas…) La canción trata de cómo las cosas se desmadran de vez en cuando. Eso puede ser algo bueno, algo malo, o simplemente una locura, pero al menos significa que algo está sucediendo y eso es bueno, sin lugar a dudas. No es divertido vivir en un mundo demasiado cuadriculado.

‘Hey Ray’, por su parte, parece ser una divertida broma sobre toda la carga de paranoia que trajo consigo la guerra fría hace décadas. ¿Cuál es su historia real?

Es un homenaje a Ray Johnson, uno de los primeros artistas que conocí cuando llegué a Nueva York. Era un tipo muy extraño que nunca llamaba a nadie y nunca visitaba a nadie tampoco. Pero si le gustabas, podía enviarte por correo algún collage artístico encontrado. Ray vivía al margen de todo y de todos, y a mí me parecía un personaje de lo más fascinante por aquel entonces. He aprovechado la ocasión para evocar toda esa paranoia que tú mencionas porque es muy indicativa del periodo histórico en el que conocí a Ray.

‘Perfection’ me parece otro de los puntos álgidos del EP, mezclando todos esos efectos y todas esas capas de sonido para conseguir un resultado directo y pegadizo.

Siempre me ha gustado jugar con las capas en mis canciones, especialmente cuando eso contrasta con el minimalismo de otras de las pistas de un disco. Creo que este tema es el que mejor sirve de unión a lo que será el sonido de mi próximo disco.

Cuando te conocimos como miembro de The Velvet Underground, ya llevabas algún tiempo trabajando como compositor. ¿Qué influencia tuvo este trabajo previo con gente como John Cage en tu posterior carrera en el mundo del rock?

Cage es la persona que más influencia ha tenido en mi trabajo, sobre todo por su forma de comprender los espacios entre sonidos. El modo en el que él relacionaba música y silencio terminó de dar forma a mi modo de entender este arte.

Has podido vivir varias revoluciones musicales a lo largo de tu carrera. ¿Crees que puede producirse algo semejante en un mercado musical tan mercantilizado como el actual?

La palabra revolución se usa demasiado hoy en día. Creo que tendríamos que reservarla para algo más importante que la música, como la creación de un marco económico justo en el que todos podamos vivir con dignidad, o el descubrimiento de una cura para algunas de las graves enfermedades que aún padecemos por desgracia.

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Hasta aquí llegó la conversación con John Cale, pero no quería dar por terminado este post sin compartir el vídeo de la aparición del bueno de John en el programa ‘I’ve got a secret‘ del 16 de septiembre de 1963 con motivo de la primera representación completa de la obra ‘Vejaciones‘ de Erik Satie. Cale iba a ser uno de los interpretes de esta obra para piano que repite 840 veces una misma melodía hasta llegar a totalizar una duración de 18 horas y 40 minutos.

Creo que ninguno de los presentes entendió demasiado bien por qué eso tenía que ser así… a pesar de la clara explicación de Cale: “por ningún motivo“.

Pare terminar, os dejo con ‘Catastrofuk‘, tema que abre ‘Extra Playful

Entrevista a Guadalupe Nettel: ‘El cuerpo en que nací’

De un tiempo a esta parte, se ha dado una coincidencia bastante reveladora: toda una serie de autores nacidos alrededor de la década de los 70 entre los que se encuentran nombres como el de la mexicana Guadalupe Nettel, el español Marcos Giralt Torrente o el argentino Patricio Pron han publicado sendas novelas metaficcionales a medio camino entre la autobiografía y la obra de ficción.

Algunos de ellos hunden más sus pies en la realidad (o al menos en el modo en el que ellos recuerdan esa realidad), otros dejan que sea la ficción la que tome las riendas en ese trabajo de recordar… pero todos ellos echan la vista atrás para buscar en la figura de sus padres la razón de ser de las personas en las que se han convertido con el paso del tiempo.

Queremos empezar esta serie de entradas dedicadas a estas autobiografías con una entrevista que realizamos en la revista AUX Magazine a Guadalupe Nettel con motivo de la publicación de ‘El cuerpo en que nací‘ y que dimos en titular ‘Autobiografía de lo extraño’.
¿Qué importancia tuvo la enfermedad ocular que vertebra ‘El cuerpo en que nací’ a la hora de dedicarte a la literatura?
Yo nací con lo que todavía suele llamarse un defecto de nacimiento relacionado con la vista. Tenía (todavía lo tengo) un ojo más chico que el otro y veía bastante menos que la media. Durante mi infancia tuve una visión del 10%. Por eso me interesa tanto el tema de la vista y también el de la normalidad/anormalidad. He tratado esos dos temas en casi todos mis libros, sobre todo en ‘Pétalos’ y ‘El huésped’.
La literatura aparece muchas veces relacionada de un modo u otro con este concepto de enfermedad.
Y dentro de esas enfermedades, las que se refieren a la vista son las más presentes. Existe un vínculo enigmático entre la ceguera y la literatura. La leyenda quiere que Homero, el supuesto autor de la ‘Iliada’ y la ‘Odisea’, sea ciego aunque los primerísimos indicios de su existencia no contemplen esta información. Los escritores que se han quedado ciegos no son pocos y también hay una gran cantidad de novelas que tratan el tema de la ceguera… Escribí un ensayito al respecto porque el tema me apasiona.
¿Ha tenido un fin terapéutico la escritura de esta novela como sugiere la presencia de la Dra. Sazlavski? 
Es cierto que toda escritura es liberadora, pero mi objetivo no era únicamente terapéutico. Me interesaba también recrear esa época tan peculiar que fueron los años setenta, sus usos y costumbres, y homenajear a algunas de las personas que conocí entonces, como los hijos de los exiliados latinoamericanos que poblaron mi niñez. 
Hace un par de años publicaste en la revista Letras Libres un texto titulado también ‘El cuerpo en que nací’, en el que tratabas muchos de los temas que tratas en esta novela y tocabas también otros periodos como tu estancia en San Cristóbal de las Casas. ¿Fue ese texto el embrión de esta posterior novela? 
Sí, coincidió con la época en la que tuve a mi primer hijo. Escribí ese texto un par de meses después de dar a luz para un número sobre la autobiografía precoz. Juntar la experiencia de la maternidad con el ejercicio de hacer memoria sobre mi propia niñez abrió el grifo a todos esos temas que esperaban el momento de ser abordados. La reflexión sobre mi infancia me obsesionó durante un tiempo y, poco a poco, fue apoderándose de la novela que estaba escribiendo en ese momento (y a la que he vuelto ahora) obligándome a escribir este otro libro que no estaba planeado. 
‘El cuerpo en que nací’ transita por México y Francia, pero ni ese México es el México típico al que nos tiene acostumbrado la literatura, ni esa Francia es la Francia típica que conocemos por los libros. 
Creo que mi generación es una de las primeras en estar globalizadas. Yo crecí primero entre niños de exiliados de toda América Latina y después entre inmigrantes de África, de la India y del mundo árabe en general. También entre mexicanos y franceses. Y eso es un poco lo que cuento en este libro: la experiencia de ser y de vivir entre inmigrantes y, en particular, en ambientes marginales. El barrio en el que crecí en Francia estaba considerado de alta delincuencia y a mi colegio iban los vecinos de ese lugar. Era gente pobre y en muchos casos muy frustrada que vivía expuesta a la violencia y con oportunidades muy reducidas. Cuando veo los disturbios que se producen ahora en las banlieues, recuerdo a esos chicos que ahora son mayores y me parece lógico que actúen de esa manera. 


Esta noción de marginalidad, o al menos de anormalidad, es muy importante en todas tus obras.
 
Creo que lo normal y lo anormal son categorías muy estúpidas que han estado vigentes desde siempre en prácticamente todas las sociedades y que tienen que ver más con valores estéticos, morales, de clase y raciales que con la medicina. Estas categorías están en el origen de la discriminación y del racismo: el miedo a lo diferente, a aquello que nos cuestiona. En mis textos critico estas actitudes y estos parámetros preestablecidos y sostengo que la belleza humana es semejante a la de una obra de arte. Se esconde en la fuerza que irradian los seres vivos (las obras de arte a su manera también lo son), en esa condición única e irrepetible que conmueve y sorprende a la vez. 
Si evocar un recuerdo supone modificarlo sin darnos cuenta, supongo que la escritura de ‘El cuerpo en que nací’ también ha debido de tener mucho de elaboración y reelaboración de tus recuerdos de niñez. ¿Hasta qué punto es autobiográfica esta novela y hasta que punto es una autoficción? 
Cualquier autobiografía, por apegada que esté a los hechos, acaba siendo ficción. La realidad -sobre todo cuando nos referimos a las relaciones entre seres humanos- es algo a lo que no tenemos acceso si no es pasándola por el prisma de nuestra interpretación. Yo era conciente de esto y sabía muy bien que, al elegir contar ciertos episodios y desechar otros, estaba recortando un perfil determinado. El perfil que le quise dar fue este énfasis en la marginalidad física, psicológica, geográfica y social. Me interesaba desarrollar esta idea de “los trilobites y las cucarachas del mundo unidas”. 
En estos últimos meses nos están llegando muchas obras con tintes autobiográficos escritas por autores nacidos en los setenta. ¿Cómo recuerdas ahora esa década, ese tiempo de ausencia de límites y de búsqueda de nuevos horizontes?

Es verdad que a mis contemporáneos les interesa recordar la infancia y hablar de la época tan peculiar en la que crecieron. A mí me tocaron muy profundamente los libros de Marcos Giralt Torrente, Alejandro Zambra y en el ámbito anglo sajón el de Nick Flynn ‘Una noche de mierda en esta puta ciudad’. Siento que mi libro está en resonancia con ellos, pero también libros más antiguos que se inscriben en el mismo género como ‘El lamento de Portnoy’ de Philip Roth, ‘La promesa del alba’ de Romain Gary o ‘Autobiografía de mi madre’ de Jamaica Kincaid.

Entrevista a Eddie Campbell por ‘Alec’

A pesar de ser conocido por el gran público principalmente como el ilustrador de la novela gráfica ‘From Hell‘ de Alan Moore, el escocés Eddie Campbell es uno de los historietistas más interesantes que podemos encontrar ahora mismo.

En este caso le entrevistamos para la revista AUX Magazine con motivo de la publicación en dos volúmenes de ‘Alec‘ en la editorial Astiberri.

¿Por qué te de decantaste por un trabajo autobiográfico como ‘Alec’?

Me encantan las viejas tiras cómicas que tratan sobre el día a día de sus personajes, como ‘Gasoline Alley’ y el trabajo de Clare Briggs y Tad Dorgan. No parecía haber un equivalente a ello en mis tiempos, y no tuve más remedio que crearlo.

¿Te sientes uno de los padres del boom autobiográfico que se produjo posteriormente? 

¡Una demanda de paternidad! Lo niego todo. Soy bastante escéptico respecto a la idea de que una cosa pueda engendrar otra cosa en el arte. No creo que la historia del arte sea una historia continua y no creo que el trabajo de otra persona tenga por qué estar relacionado con el mío sólo por desarrollarse en el mismo medio. Me interesa mucho más fijarme en cómo están relacionadas las cosas a través de los diferentes medios y en el mundo en general.

El lugar que ocupa Alec MacGarry cambia drásticamente a lo largo de ‘Alec’, pasando de ser el narrador de las vidas de aquéllos que lo rodean (en ‘La peña del King Canute’), a ser el catalizador de las reflexiones de otros sobre diversos temas (en ‘El destino del artista’, publicado independientemente hace poco). 

Sólo tiene sentido hablar de personajes cuando se habla de una ficción convencional, que es algo en lo que no estoy demasiado interesado. Cada vez confío más en ese sentimiento que me dice que no tengo por qué seguir las reglas de la ficción… eso puede explicar los cambios que mencionas. Creo en una escritura más directa, que pueda tener algo que decir al mundo mientras crea su espectáculo de marionetas.

Parece que destruir todos los mitos que hay alrededor del cómic fuera uno de tus mayores hobbies. En ‘Cómo ser artista’, por ejemplo, prefieres hacerlo derivar de los grafitti de la antigua Roma que hacerlo descender del tapiz de Bayeux

No creo que jamás haya conseguido destruir las benditas convicciones que nadie pueda tener sobre los sagrados orígenes de esta cosa llamada cómic, pero tienes razón al concluir que yo no comparto ninguna de ellas. Veo los comics como una manifestación moderna del envés del arte, una celebración tanto de lo cotidiano como de lo humorístico. En tiempos antiguos esa celebración bien pudo haber sido un simple garabato en la pared de una casa. No me interesa la idea de que haya un medio basado en imágenes secuenciales, que este medio se llame cómic y que siempre haya existido tal y como lo conocemos. Es una idea que puede llevar a razonar de modos poco estrictos y a malinterpretar el uso de los artefactos antiguos.

Haces una clara distinción entre los autores de comics de superhéroes y los autores de novelas gráficas, siendo Alan Moore uno de los pocos autores que sitúas a caballo entre los dos mundos. 

Hay sin duda una clara distinción entre los comic books norteamericanos y otro tipo de cómic que ha aparecido a lo largo de los últimos treinta años largos. No importa demasiado cómo llames a estos dos tipos de comics, pero son dos cosas diferentes. A esto que yo hago le podrías llamar Novela Gráfica, que fue lo que decidió Will Eisner un buen día, pero resulta que el mundo de los comic books ya ha tomado posesión de ese término y ha decidido que el único significado que tiene hace referencia al formato en el que una obra ha sido publicada. Así, los polos entre los que se mueve el mundo del cómic son Serialización y Novela Gráfica, cuando deberían ser Novela Gráfica y Comic Book de Superhéroes. Esa es la distinción a la que yo me refería en ‘Alec’, pero ahora, con el paso del tiempo, parece ya una causa perdida.

¿Aún te sientes cómodo con esa técnica garabateada en tinta por la que te conoce el gran público? 

Lo cierto es que no, y, de hecho, llevo algún tiempo intentando alejarme de ese estilo. Parte de ese trabajo se ha podido ver ya en ‘El destino del artista’. Ahora estoy intentando dar un paso adelante más y estoy creando mis pequeños dibujos casi íntegramente a través del ordenador. Siempre había evitado el uso del Photoshop porque no era capaz de hacer que el resultado pareciera lo suficientemente natural, pero ahora me siento bastante cómodo pintando digitalmente.

¿Cómo fue echar la vista atrás a todos estos volúmenes de ‘Alec’?

Lo primero que me llamó la atención es que mi antigua forma de hacer dibujos no está en sintonía con las nuevas tecnologías. Todos esos patrones de tono con los que solía trabajar, por ejemplo, fueron muy difíciles de convertir a digital. El trabajo de digitalización mereció la pena, no me cabe duda, pero hay formas mucho más sencillas de conseguir ese resultado partiendo de cero. No tuve demasiadas tentaciones de cambiar la información que mostraban mis antiguas ilustraciones, pero sí que he eliminado algún objeto o definido mejor algún trazo en los casos en los que me ha dado la sensación de que la narración no estaba siendo lo suficientemente clara. Aun así, no creas que ha habido demasiadas correcciones. Uno de mis objetivos era el de preservar las diferentes voces con las que se expresa mi anterior yo a lo largo de esos volúmenes, al fin y al cabo creo que ése es uno de los atractivos de este libro: ver cómo la perspectiva de uno cambia a lo largo del tiempo a medida que pasa de ser un soltero a ser padre, etc.

El estilo y la técnica narrativa de ‘Cómo ser artista’ lo convierten casi en un estudio erudito sobre la historia de la industria del cómic y del modo en el que ésta ha evolucionado… 

Esa parte intenta ser la historia de un periodo importante de un movimiento artístico llamado cómic, pero sobre todo quería representar el patrón que siguen todos los movimientos artísticos al desarrollarse. Necesitaba recrear todos los detalles y eso me hizo tener que crear la sensación de que hubiera muchas voces contando la historia. No se me ocurrió mejor forma de hacerlo que usando retazos de la obra de todos esos artistas de los que hablo. Cada una de ellos aporta algo al sentido global del discurso, disfruté mucho con ello.

Entrevista a Antonio Ungar por ‘Tres ataúdes blancos’

A pesar de que ya haya pasado un año desde su publicación, quiero empezar recordando una entrevista que hicimos al colombiano Antonio Ungar con motivo de la concesión de la XXIX edición del Premio Herralde de Novela a su trabajo ‘Tres ataúdes blancos‘.

Este premio, convocado por la editorial Anagrama, me parece uno de los pocos valores seguros que hay ahora mismo en la literatura en castellano, y me ha parecido una buena idea el recuperar esta entrevista y recomendar esta genial novela a todo aquel que no lo haya leído.

La entrevista fue publicada en el número 47 de la revista AUX Magazine.