Rush, ‘Clockwork Angels’

Los canadienses Rush se convirtieron en 2011 en el tercer grupo con más discos de oro y platino obtenidos de forma consecutiva después de The Beatles y The Rolling Stones. Dejo caer este dato por empezar la reseña por alguna parte y, sobre todo, por contrastarlo un poco con el hecho de que ningún promotor estatal haya tenido nunca la certeza de que este grupo pueda llenar un aforo de 15.000 personas y de que, como consecuencia de esto, el grupo no haya tocado aún en la península en sus casi cuarenta años de historia.

Clockwork angels’ es el decimonoveno disco de estudio de Rush (el vigésimo si tenemos en cuenta el EP ‘Feedback’ en el que versioneaban algunas de las canciones que más los influenciaron en los 60) y, ya desde su misma portada, supone un intento de trasladar a su actual universo tanto estético como sonoro el tipo de canciones que componían en la primera etapa del grupo. Los guiños son evidentes: desde las agujas de reloj que marcan las 21:12 en homenaje al disco ‘2112’ (1976) hasta la entrada de ‘Headlong Flight’ que recrea con leves variaciones la de la canción ‘Bastille Day’ (1975). Pero éstas no son más que formas de poner de un modo más evidente algo que también se intuye en las dinámicas de canciones como ‘BU2B’ o la ‘Clockwork Angels’ que da nombre al disco.

A lo largo de los 12 temas que conforman el álbum, su joven protagonista atravesará un mundo que mezcla magia y steampunk a partes iguales, mientras lidia con las fuerzas del orden y el caos que encuentra a su paso. La historia será también novelizada por Kevin J. Anderson.

Texto originalmente publicado en el número 56 de la revista AUX Magazine

‘El enredo de la bolsa y la vida’, Eduardo Mendoza

La anterior novela de Eduardo Mendoza, ‘Riña de gatos’, fue todo un éxito. Desde que le concedieron el Premio Planeta, todo el público supo que tenía que leerla y que tenía que gustarle (o al menos que tenía que descargársela dentro del enésimo pack de 1.500 libros que todo el mundo debe tener y atesorarla en su lector electrónico preferido). Pero muchos de los lectores habituales del barcelonés creímos que faltaba algo en aquella novela. Y es que, a pesar de que algunos defiendan sus trabajos más serios creyendo que gravedad es igual a alta cultura, es en su vertiente más satírica donde Eduardo Mendoza destapa el tarro de las esencias, lo vuelca y, despojándolo de todo su contenido, lo llena con una mezcla de panceta, churros y vino tinto de garrafón tan embriagadora que es difícil no sucumbir a sus encantos.

El enredo de la bolsa y la vida’ supone la cuarta entrega de las aventuras del detective sin nombre que ya protagonizara ‘El misterio de la cripta embrujada’, ‘El laberinto de las aceitunas’ y ‘La aventura del tocador de señoras’. Como en estas anteriores tres novelas, Mendoza extiende ante nosotros el plano de una Barcelona tan esperpénticamente valleinclanesca que no nos queda más remedio que reconocer en ella retazos de la ciudad que nos rodea en nuestro día a día. La economía que baja, los bazares chinos que suben, los africanos albinos que trabajan como estatuas humanas en las Ramblas… y una Angela Merkel que surge como de la nada para dar la última vuelta de tuerca a la trama que se cierra alrededor del cuello de los protagonistas.

Como la vida real, oigan.

Texto originalmente publicado en el número 55 de la revista AUX Magazine

Entrevista Javier Calvo: ‘El jardín colgante’

Tengo un problema.

Y es que ‘El jardín colgante‘, la última novela del barcelonés Javier Calvo y flamante ganadora del Premio Biblioteca Breve 2012 convocado por la editorial Seix Barral, me ha parecido una obra hilarante cuando el autor ha querido crear “una novela criminal oscura, violenta y deprimente“.

Vamos: que me ha dado la tarde.

“La novela”, como explica el propio Calvo, “narra el conflicto entre el Servicio de Inteligencia” español, “como representante del estado, y la” organización armada “TOD, que representa la rebelión contra el sistema”, en el marco de una Transición que le sirve al barcelonés para hablar “de lo que se sacrifica en esos momentos de cambio: desde vidas humanas hasta rasgos de la identidad colectiva o la memoria histórica y también lo que se sacrifica en términos de posibilidades de rebelión”.

Calvo concreta que en ambos bandos hay una dialéctica de enfrentamientos entre sus individuos”, pero que “el eje central del libro es cómo el sistema destruye a la TOD”. Esto permite al autor “situar una de las ideas centrales del libro: la muerte de la rebelión. El fin de la lucha armada de extrema izquierda en los años 70 como martirio, como sacrificio para garantizar la estabilidad del sistema. Por eso hoy tenemos un sistema tan eficaz y poderoso y ninguna posibilidad de respuesta ciudadana” 

La caída de un devastador meteorito “funciona como metáfora de un fin de época y de una muerte de la trascendencia“, pero lo que Calvo realmente ha querido realmente explorar ha sido “la división entre una izquierda institucional que se integra en el sistema y una izquierda marginada o expulsada del proceso de la transición que no tiene más remedio que subsistir con las armas“. 



Así contado, parece algo realmente desternillante, sí. Entonces, ¿por qué mi mente ha hecho este cambio de registro tan abrupto? Siempre cabe la posibilidad de que sea por una psicopatía no diagnosticada (¿algún psicólogo entre los lectores?) pero creo que la presencia de unos personajes tan planos que sólo tendrían sentido en el terreno de la sátira ha tenido mucho que ver con ello. De hecho, el propio fallo del premio destaca el “brillante tono paródico” de la novela. 

Arístides Lao y Teo Barbosa “son dos personajes antitéticos en casi todos los sentidos, aunque ambos acaban revelándose como partes de la misma conjura. Son personajes alegóricos: Lao representa la maldad del sistema y su naturaleza inhumana y cruel, y Barbosa es más bien un joker, un agente doble, alguien sin identidad propia condenado a desaparecer devorado por la Historia y la lucha política”. 

Sea pues.

Texto originalmente publicado en el número 55 de la revista AUX Magazine

Entrevista Jonathan Coe: ‘La espantosa intimidad de Maxwell Sim’

Muchos conocimos a Jonathan Coe por ‘La lluvia antes de caer‘. En este novela se alejaba de la sátira política que tantos éxitos le había dado, pero el británico no ha sido capaz de alejarse del humor durante mucho más tiempo.

En ‘La espantosa intimidad de Maxwell Sim‘ arremete contra las nuevas tecnologías y esa falta de contacto real con el prójimo a la que tanto y tal fácilmente nos estamos acostumbrando. Todo esto, a través del viaje que hace su protagonista a las islas Westman para llevar un cargamento de cepillos de dientes como parte de una campaña publicitaria impulsada por uno de los pocos amigos de carne y hueso que aún conserva.

Esta es la entrevista que le hice a Jonathan Coe para el número 54 de la revista AUX Magazine y que se publicó bajo el título de ‘¿Hay alguien ahí?‘.

Espero que os guste.

Maxwell Sim es incapaz de comunicarse cara a cara con la gente que le rodea. ¿Crees que la ilusión de comunicación que ofrecen las redes sociales es en parte responsable de que mucha gente sufra esta dificultad?

Probablemente sí. Me he dado cuenta de que cada vez encuentro más excusas para no mantener conversaciones en tiempo real con otra gente. Si tienes que arreglar una cita, por ejemplo, siempre es preferible mandar un mensaje de texto o un correo electrónico porque te evita esos embarazosos momentos de contacto humano que no podrías evitar de otro modo. Aún nos queda un largo camino por recorrer, claro, pero nos estamos desligando poco a poco de la interacción real con el prójimo.

Maxwell Sim sólo se siente cómodo con Emma, la voz de su GPS, y da la sensación de que esa comodidad nace del hecho de que ella jamás lo cuestiona… no parece estar preparado para una relación de verdad con alguien, aunque ésta sea de amistad.

Maxwell necesita a alguien que sea totalmente obediente y que nunca lo cuestione, pero eso sólo demuestra lo mucho que lo asusta el tener una relación de verdad con alguien porque las relaciones en la vida real están llenas de conflictos y de retos que superar.

Lo títulos de los cuatro relatos intercalados en la novela son bastante reveladores: agua, tierra, fuego, aire. Da la sensación de que estás intentando recuperar los aspectos más tangibles de la vida a través del viaje en el que hacer partir a Maxwell, ¿no es así?

En el momento en que comienza el viaje de Maxwell Sim él lleva ya demasiado tiempo viviendo en un mundo virtual, y sentí la necesidad de volver a hacerle conectar con las cosas más elementales. Tuve la suerte de que me pidieran contribuir a un proyecto colaborativo sobre los cuatro elementos justo en la época en la que estaba trabajando en este aspecto de la novela. No puedo decir que este proyecto me diera exactamente la idea de incluir estos cuatro relatos, pero sí que me ayudo a que todo lo que llevaba tiempo circulando por mi imaginación terminara de tomar cuerpo.

El hecho de que Max pase tanto tiempo en su coche lo emparenta con ese hombre de la calle que vive en los suburbios de una gran capital y trabaja cada vez más lejos de su casa. ¿Era esa tu intención?

Llevo mucho tiempo queriendo escribir una novela que explore la gran paradoja del coche: es un vehículo que se supone que tiene que ofrecernos la forma más eficiente de conectarnos los unos con los otros, pero al mismo tiempo puede también hacernos sentir más aislados que nunca. Me interesa el modo en el que el coche se comporta como un universo que se contiene a sí mimo: un universo hacia el que el conductor se puede sentir tremendamente protector. Cuando estás conduciendo, un ataque contra tu coche es como si fuera un ataque contra tu propia alma. El coche conforma un espacio de gran intimidad, y es esto lo que hace que la relación entre Max y la voz de su GPS termine siendo tan cercana.

En tu novela hablas de varias marcas que han terminado formando parte de nuestra cultura común. Me ha parecido algo curioso, pero me ha sorprendido aún más el que no me haya resultado para nada chocante. Supongo que nuestra vida está regulada de algún modo por estas marcas…

Me ha sorprendido la cantidad de lectores que se me han quejado de las referencias a Starbucks, Facebook, etc. que hay en la novela. Me parece que éstas y otras marcas son las que configuran ahora mismo el horizonte de nuestro consumo y, siendo ése mismo horizonte lo que la novela pretende describir, no he tenido más remedio que utilizar sus nombres. Si esto implica que futuras ediciones de la novela tengan que ir acompañadas de algunas notas aclaratorias a pie de página, que así sea. Pero personalmente creo que habrá más gente tomándose un café en un Starbucks dentro de 50 años que leyendo ‘La espantosa intimidad de Maxwell Sim’.


La figura de Donald Crowhurst me ha parecido muy atractiva. Ese aventurero que trata de utilizar la tecnología para mentir sobre su intento de dar la vuelta al mundo en solitario hasta llegar al extremo de la locura. Al principio pensé que sería una invención tuya, pero lograste que me picara la curiosidad lo suficiente como para investigar un poco sobre él a través de Internet y comprobar su existencia.

Cuando aparezco en el último capitulo de la novela, explico el modo en el que entré en contacto con la figura de Donald Crowhurst: Laura Cumming, crítica de arte del Observer y buena amiga mía, me hizo llegar un ejemplar del libro ‘El extraño último viaje de Donald Crowhurst’ de Nicolas Tomalin y Ron Half. Ella me recomendó el libro como obra literaria, y es cierto que es una obra maestra, pero lo que más me interesó de él es el paralelismo que vi entre la historia de Crowhurst y la de Maxwell Sim. Trataban los mismos temas de la soledad, las tecnologías y la comunicación, y la búsqueda de la propia identidad. La principal diferencia entre las dos historias viene dada por el modo en el que ha cambiado la tecnología en los últimos 40 años. Ahora mismo puedes navegar todo alrededor del mundo sin perder tu conexión a Internet en ningún momento.

La diferente escala de los viajes de Crowhurst y Maxwell Sim produce un efecto realmente cómico en tu obra.

Esa combinación se da en todas mis novelas de un modo u otro. Tengo un carácter melancólico y suelo intentar escribir de tipos con un carácter similar al mío. Utilizo el humor para entretener al lector, pero también porque tengo la sensación de que si perdiera ese sentido del humor mis sentimientos de tristeza y consternación para con el mundo me superarían y terminarían por poder conmigo. ‘Maxwell Sim’ es una comedia sobre la depresión no demasiado diference en última instancia a ‘What a Carve Up!’, uno de mis anteriores trabajos. Pero uno de los componentes de la depresión es la inercia, y si dejas que esa inercia se apodere de tu narrativa puedes perder a todos tus lectores.

Disfruté mucho con el último capítulo de la novela: un pasaje metaficcional cuya naturaleza no creo que debamos desvelar aquí, pero que hará las delicias de todos los aficionados a estos juegos entre la ficción y la realidad.

La idea de ese último capítulo me vino cuando llevaba escritos unos dos tercios del libro y pronto se convirtió en una necesidad. Me encanta leer los juegos literarios creador por autores como Sterne, Flann O’Brien o BS Johnson, así que pensé que a mis lectores también podrían interesarles. Así todo, el final ha provocado algunas reacciones un tanto extremas. Muchos lectores han declarado sentirse “traicionados” por este final, pero la idea que se esconde detrás de ese último capítulo es muy simple: si es cierto, como postula la novela, que las relaciones reales son más valiosas que las virtuales, ¿cómo podemos aplicar esta tesis a las relaciones que crean tanto los autores como los lectores con los personajes de las novelas que escriben y leen? Éstas también son unas relaciones virtuales y, a pesar de ello, seguimos considerando la literatura como algo valioso en lo que merece la pena gastar el tiempo de uno, al contrario de lo que pensamos sobre jugar videojuegos o pasar el tiempo en Facebook. Sólo he querido plantear esta cuestión de un modo divertido y, espero, entretenido.

Entrevista Russian Circles: ‘Empros’

Los norteamericanos Russian Circles practican un post metal instrumental que les ha granjeado multitud de seguidores. Aun así,  la papeleta que tenían con su nuevo disco ‘Empros‘ (publicado en octubre de 2011) no era nada fácil de solventar después del abrumador ‘Geneva‘ que nos regalaron como anterior trabajo de estudio.

¿Qué cómo lo han solucionado? Volviendo a las raíces y construyendo un disco concebido para el formato trío en el que empujan su música más allá de sus fronteras naturales haciéndola conocer nuevos terrenos tanto en su vertiente más ambiental como en la más dura.

Hablamos con su guitarrista Mike Sullivan sobre este disco para la revista AUX Magazine.

El término post-rock bajo el que se os suele etiquetar me parece una descripción un tanto simplista de lo que hacéis. ¿Cómo calificarías tú vuestro sonido?

Yo simplemente diría que somos un grupo de rock. Creo que, llegados a un punto, cuando más amplia sea la descripción de un género, más fácilmente podrá interpretar la música cada oyente por sí mismo.

Siempre habéis cubierto un espectro sonoro muy amplio, pero me da la sensación de que en este ‘Empros’ habéis hecho aún más extremo el contraste entre los pasajes fuertes y los suaves.

Simplemente es el modo en el que salieron las cosas. Cuando empezamos a componer las canciones para ‘Empros’ sabíamos que queríamos hacer un disco más oscuro que los anteriores, pero no nos impusimos la tarea de polarizarlo conscientemente.

Al hilo de esta versatilidad sonora, ¿de dónde vienen la mayoría de seguidores de Russian Circles?

Me gusta pensar que tenemos una base de seguidores muy heterogénea, pero sí que es cierto que el grueso de ellos tiende hacia el lado más pesado y experimental de la música. Lo más probable es que nuestro seguidor medio tenga barba, cierto nivel de pérdida de audición y problemas de abuso de drogas (risas…).

Tanto Brian como tú podéis enriquecer el sonido de vuestros instrumentos con toda una serie de pedales, pero Dave sufre las limitaciones de su batería a pesar de ser la pieza principal de vuestras canciones.

Cada uno de nosotros tiene un modo diferente de acercarse a su instrumento. Brian y yo nos tomamos la libertad de jugar por los pedales de efectos y de tratar de encontrar nuevas vías más allá de las formas tradicionales de tocar tanto la guitarra como el bajo, pero pienso que en el mundo de la percusión las limitaciones que impone el uso de un instrumento enteramente analógico pueden ser una bendición escondida. Dave dice que el tener un reducido set de batería le fuerza a ser más creativo y a centrarse más en el ambiente de la canción. Trasladando esto al trabajo de la banda en conjunto, esta filosofía nos ayuda a no perdernos en las profundidades y a mantener siempre a la vista el punto focal de cada tema.

Creo que ‘Geneva’ supuso un punto de inflexión en vuestra carrera al añadir nuevas texturas a vuestro sonido, como la de los vientos y las cuerdas, y abrirlo a un público nuevo.

Estoy de acuerdo con eso, pero creo que ‘Geneva’ no hubiera sido posible sin ‘Station’, el álbum que le precede. Al terminar la grabación de ‘Station’ nos quedamos con la sensación de que nos había salido un disco muy desnudo, al que le faltaba algo de la oscuridad, del ruido y de las retroalimentaciones que pueden escucharse en nuestras actuaciones de directo. Con ‘Geneva’ simplemente tratamos de cubrir esas carencias.

A pesar de esto, parece que habéis querido volver a vuestras raíces con este ‘Empros’, ¿no es así?

El fondo de la cuestión es que queríamos volver a sentirnos cómodos tocando en un formato trío, sin sentir que estamos apoyando nuestras composiciones en los instrumentos suplementarios que hemos añadido en el estudio. Pero también he de decir que fue algo frustrante ver cómo algunas de las canciones de ‘Geneva’ perdían algo en directo al no contar con la ayuda que las cuerdas y los vientos que terminaban de redondearlas. En esta ocasión hemos querido desnudar nuestras canciones todo lo posible para sentirnos cómodos a la hora de llevarlas a los escenarios.

¿Creéis que vuestro camino ha sido más difícil por ser un grupo instrumental?

No. De hecho, tengo la sensación de que hemos podido atraer a más oyentes porque, a pesar de que nuestras canciones sean muchas veces pesadas, no tenemos esas voces agudas que tanto espantan a algunos. De todos modos tratamos de asegurarnos de que no haya ningún vacío en las canciones y de que cada uno de los temas tenga entidad propia y sea diferente a todos los demás a pesar de esa ausencia de voz. Pasamos mucho tiempo corrigiéndonos tanto a nosotros mismos como al resto del grupo a lo largo de todo el proceso de composición.

De una forma muy especial, pero os habéis animado a incluir algo de voz en ‘Praise be man’.

Brian nos mandó por correo electrónico una canción que había compuesto para participar en un sello de un amigo suyo que no edita nada más que casettes. A Dave y a mí nos encantó la canción y, para sorpresa de Brian, le dijimos que pensábamos que sería un aporte muy bueno para el disco. El grueso de lo que se oye en ‘Empros’ está sacado de la grabación original que hizo Brian en un cuatro pistas, que luego hemos complementado con un poco de experimentación de la vieja escuela hecha en el estudio.

Entrevista a Willie Nile: ‘The innocent ones’

Willie Nile es uno de los secretos mejor guardados de la escena musical norteamericana, uno de esos losers neoyorquinos que tanto han dado al mundo del rock ‘n’ roll.

Amigo de artistas como Bruce Springsteen (que comparte escenario con el bueno de Willie cada vez que tiene la oportunidad) y Elliot Murphy (con quien lo emparenta su amor por la poesía), a Willie Nile la fama le ha pasado siempre cerca: rozándolo de refilón, pero sin llegar a impactar de frente contra él.

Esto le ha hecho ganarse un nombre en el circuito de salas: ese ámbito en el que el sudor y la entrega son sinónimo de una noche inolvidable. Y es que Willie Nile es ante todo un trabajador del rock ‘n’ roll, un músico al que le da lo mismo tocan ante 500 personas que ante 50.000 siempre que lo haga ante verdaderos fieles de su causa musical.

El sábado 31 de marzo Willie Nile estará tocando en el Kafe Antzokia de Bilbao con su último ‘The innocent ones‘ como bandera, un disco dedicado a todos aquellos a los que la vida les ha dado la espalda de uno u otro modo y que está lleno de auténticos himnos que merece la pena conocer y corear.

Recupero la entrevista que le hice a Willie Nile para el número 53 de la revista AUX Magazine con motivo de este concierto… y esperando que os anime a ir al concierto.

¿Cómo era la escena del rock ‘n’ roll cuando tú empezabas a tocar en ella?

Realmente no había una escena de rock ‘n’ roll propiamente dicha cuando yo empecé en Nueva York en los 70. La mayor parte de la música que allí se escuchaba era folk. Yo hacía muchas cosas diferentes en aquel entonces, pero casi todas estaban emparentadas con el rock, así que todo se volvió mucho más interesantes para mí cuando inauguraron el club CBGB. Entonces fue cuando grupos como The Ramones, Television o Patti Smith empezaron a tocar su genial música.

¿Te influyó aquello?

Fue muy divertido poder escuchar a esos grupos, pero tengo la sensación de que yo estaba recorriendo mi propio camino, independientemente de toda la música que se estuviera creando a mi alrededor.

Me enteré hace relativamente poco tiempo de que el nombre de Willie Nile era un sobrenombre y me pareció algo curioso. ¿Por qué elegiste este nombre en lugar del Robert Noonan con el que naciste?

Cuando estaba empezando, solía ir a muchas noches de micrófono abierto en el Greenwich Village. Tenías que apuntarte y esperar turno. Una noche, un tipo especialmente desagradable me preguntó mi nombre. Le dije Bob Noonan pero no me entendió. Fue tan irrespetuoso que le dije que me llamaba Huey Resinbag, como las bolsas de resina que usan los jugadores de beisbol para secarse las manos, y me quedé esperando a que me llamara muriéndome de la risa. Eso me hizo perder toda la pretenciosidad que yo tenía en escena en aquel entonces, y empecé a actuar cada día bajo un nombre distinto. Osgoo Pequod, Umberto Snortz… Willie Nile es simplemente un nombre que soñé una noche y que pensé que sería adecuado para alguien que hiciera rock ‘n’ roll como yo.

¿Cómo influyó en tu música el hecho de que fueras poeta antes de músico?

Me dio la libertad para escribir sobre cualquier cosa. Eso era lo que hacía cuando escribía poesía y es lo que seguí haciendo cuando empecé a componer canciones.

Después de tantos años en el mundo de la música, ¿qué significa el éxito para ti?

El éxito verdadero es hacer el suficiente dinero como para poder vivir y tener unos seguidores fervientes. No tienen por qué ser millones, basta que sean unos cuántos en cada ciudad, eso es suficiente para mantenerte vivo y animarte a compartir con ellos una gran noche de música, pasión y romance.

Siempre has sido muy políticamente activo en tus canciones, y tu último disco, ‘The innocent ones’, no es una excepción.

Esos inocentes de los que habla el título son las víctimas de la falta de humanidad del hombre para con el hombre. Una falta de humanidad que puede manifestarse a través de la ignorancia, la negligencia, la crueldad… Quise componer una canción esperanzadora, algo que te haga sentir bien mientras lo escuchas a pesar de que te haga ser consciente de lo crudas que son algunas realidades que aún hay en nuestro mundo.

Hablando de este activismo, no te limitas a seguir los acontecimientos de EE.UU. Has cantado ‘Hard times in the UK’ en tus giras por Reino Unido, y tu ‘Cellphones ringing’ está inspirado por los atentados del 11-M de Madrid.

Tienes toda la razón, no sólo canto sobre EE.UU. a pesar de vivir allí. Espero que algún día la gente se dé cuenta de que todos estamos juntos en esto y de que siempre es mucho mejor dar que recibir. Ayudar al prójimo es algo que te ayuda a ti mismo, todos deberíamos ser más compasivos.

Tus conciertos están llenos de energía. ¿Es ahí donde realmente llegan tus canciones a desarrollarse, o eres de los que creen que ya están terminadas al ser grabadas y que el escenario es una excusa para pasarlo bien?

Ambos enfoques son ciertos. La versión grabada guarda el estado en el que la canción está en ese preciso instante. Entonces esa es la versión más real y más llena de significado, y yo seguiré cantándola de ese modo sólo mientras siga teniendo significado para mí. Yo me dedico a esto porque pienso que así puedo servir de inspiración a otros, del mismo modo que otros me sirven de inspiración a mí; y no me gustaría hacer perder el tiempo a nadie. Creo que cualquiera que me haya visto en directo te lo puede confirmar. Si conseguimos pasar juntos un buen rato y sentirnos inspirados, he hecho mi trabajo.

Es genial ver cómo te paras a hablar con tus seguidores después de cada concierto… Supongo que eres consciente de que hay grupos que venden unas entradas especiales (y especialmente caras) para esos meet and greets.

Me encanta hablar con la gente, ver sus caras y compartir momentos. No soy una máquina, no soy un producto, sino una persona que se dedica a esto con pasión. Y si alguien del público comparte esa pasión, yo soy feliz saliendo a saludarlo.

¿Qué podemos esperar de tu concierto en Bilbao?

Habrá levitaciones, los corazones explotarán, los ojos sangrarán, las personas caerán enamoradas o, si han bebido demasiado, simplemente al suelo. Será una noche de caminar sobre el alambre, de amor a primera vista, de romance salvaje y de humor y de pasión, de preocuparse por el resto de nuestros hermanos y hermanas. Habrá canciones viejas y nuevas, y sobre todo habrá canciones que todo el público podrá cantar desde lo más hondo de sus pulmones.

Y cuando el bueno de Willie dice algo así, querido lector, debes saber que no está exagerando.


Entrevista a Peter Bagge: ‘Bat Boy’

A pesar de ser especialmente conocido por su serie ‘Odio‘, hay mucho Peter Bagge escondido tras el personaje de Buddy Bradley.

Nacido en Peeksill, cerca de Nueva York, en 1957, Peter Bagge entró en contacto con el cómic underground durante su estancia en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York. Lo que más le fascinó fue el trabajo de Robert Crumb, con quien pudo colaborar cuando éste lo ficho para ‘Weirdo‘ después de ver algunos de sus trabajos. ‘Neat Stuff‘ fue el primer cómic propio de Peter Bagge y fue allí donde Buddy Bradley, un adolescente alienado y pesimista, se destapó como un personaje lo suficientemente prometedor como para protagonizar su propia serie bajo el título de ‘Odio‘.

A continuación podéis leer la entrevista que le hicimos para el número 53 de la revista AUX Magazine con motivo de la publicación de Bat Boy (Ediciones La Cúpula, 2011): una recopilación de sus tiras dedicadas a este personaje y publicadas en el ya desaparecido Weekly World News.


Para empezar, ¿quién o qué demonios es Bat Boy?

Bat Boy es un personaje de ficción creado por el periódico satírico Weekly World News, publicación que, tristemente, dejó de editarse hace ya algún tiempo. El periódico publicó sus andanzas durante décadas. Era un niño de diez años que era mitad murciélago y que, de un modo o de otro, terminaba siempre por verse envuelto en todos los eventos noticiables que se iban sucediendo.

¿Cómo nació la idea de tu colaboración con Weekly World News creando estas tiras de ‘Bat Boy’ allá en 2004?

Un editor se puso en contacto conmigo para pedírmelo, dándome toda la libertad a la hora de decidir cómo iba a seguir con el personaje. Finalmente decidí ceñirme al formato que ellos estaban utilizando en las noticias falsas que le estaban haciendo protagonizar al personaje hasta entonces.

Esta serie dedicada a Bat Boy fue publicada en formato tira. ¿Qué ventajas y desventajas encontraste en este formato respecto a otros que habías utilizado con anterioridad?

Ese cambio de formato supuso una novedad bastante interesante para mí. Me gustó mucho trabajar de ese modo, aunque también terminé por cansarme de ello. Ese fue el motivo real por el que abandoné las tiras al cabo de un par de años. El formato tira me dio mucha libertad creativa y yo me lo pasé muy bien aprovechando esa libertad.

Las tiras de ‘Bat Boy’ están llenas de personajes famosos. ¿En qué te fijaste a la hora de utilizar a cada uno de ellos en un espacio tan reducido?

Siendo, como te comentaba, un periódico satírico aquel Weekly World News, tenía que utilizar a cualquier personaje que estuviera de actualidad aquella semana: Bin Laden, Martha Stewart (que pasó un tiempo en la cárcel por aquel entonces), Ralph Nader, Beyonce, etc. Una vez elegidas mis víctimas, sólo me quedaba hacerlas cruzarse en el camino de Bat Boy del modo más absurdo que pudiera imaginar.

Al utilizar a esas personas públicas, supongo que jugarías en la medida de lo posible con la idea que el público en general tenía de ellas…

En eso consiste precisamente el trabajo de un dibujante satírico: en llevar hasta el extremo esa imagen pública y distorsionarla hasta sacarle todo el jugo.

Echemos la vista atrás por un momento. Tuviste la suerte de conocer a Robert Crumb y a Art Spiegelman cuando tu carrera aún no había despegado… ¿de verdad que no te dieron ganas de dejar de dibujar después de eso?

(Risas) La verdad es que fueron unos encuentros muy inspiradores, aunque lo fuera cada uno de ellos por razones diferentes. Crumb en particular fue siempre un ejemplo para mí, ¡es el más grande de todos los dibujantes!

Y fue precisamente Crumb quien te dejó al cargo de ‘Weirdo’ antes de que te cambiaras a Fantagraphics para publicar ‘Neat Stuff’. ¿Cómo cambió tu modo de trabajar con ese cambio de editorial?

Mi forma de trabajar no cambió demasiado, aunque aquella fue una oferta muy importante para mí. Fantagraphics me había ofrecido publicar mi primer álbum en solitario… era algo tan bueno que no pude rechazarlo.

A pesar de que la primera vez que supimos algo de los Bradley fue en el año 1980, la serie dedicada a esa familia no eclosionó hasta ‘Odio’, tu obra más conocida. ¿Qué ha supuesto ‘Odio’ en tu carrera?

Buddy Bradley ha sido mi personaje más autobiográfico y creo que es eso precisamente lo que lo ha convertido en mi personaje más popular. Supongo que, siendo esto así, no me sorprendí demasiado al ver que el título dedicado a ese personaje en solitario, ‘Odio’, se estaba convirtiendo en mi trabajo más exitoso. Sigues trabajando en ‘Odio’, a pesar de que ahora sus volúmenes sean vagamente anuales.

¿Nunca has pensado en abandonar estos personajes para siempre?

Es una diversión demasiado grande como para hacerlo. Siempre me gusta volver a trabajar con Buddy y Lisa, la única pena que tengo es la de no poder dedicarles más tiempo.

Tu dibujo es muy cinético, en ocasiones me recuerda a los viejos dibujos animados de las décadas de los 40 y 50.

Puede haber algo de eso, sí. De hecho, siempre he sido un gran admirador de los dibujos animados que hizo la Warner Bros en los 40 y 50. Supongo que mi descabellado modo de dibujar ha ido evolucionando naturalmente a partir de mis particulares filias y fobias.

¿Con qué herramientas de dibujo te sientes más cómodo?

¡Nunca me siento cómodo dibujando! Tengo que decir que no me gusta nada todo el proceso, no disfruto de él precisamente, pero suelo usar pinceles y plumas la mayor parte del tiempo.

Y en ese modo de dibujar, ¿hay también sitio para el ordenador?

Suelo escanear todo lo que dibujo y normalmente termino de hacer los retoques finales en Photoshop, donde también modifico los colores en caso de que sea necesario. Pero sobre todo, ¡lo más importante es cuando mando los originales ya terminados al editor a través del correo electrónico!

Has trabajado tanto el cómic underground y alternativo como las franquicias más conocidas. ¿Dónde te sientes más cómodo?

En este momento de mi carrera me encuentro cómodo en ambos mundos. Los editores de esas franquicias más conocidas te hacen seguir muchas más reglas, pero hasta ahora siempre he logrado dar con algunas ideas propias que encajen en todas esas reglas.

A todo esto… ¿qué demonios es un cómic underground? ¿Es tan diferente del resto como para llegar a necesitar una denominación propia?

Solemos usar el término underground para describir unos comics creados mayoritariamente en los años 60 y 70, y que en aquel entonces eran ilegales debido a su contenido sexual o político. Con el paso del tiempo, este tipo de comics han ido evolucionando hasta llegar a integrarse en lo que hoy en día se conoce como cómic alternativo.

¿Hay futuro más allá de la novela gráfica?

Tristemente, ahora mismo parece que no. Sólo las novelas gráficas son rentables.

La Rosa Candida de Auður Ava Ólafsdóttir

La novela ‘Rosa Candida‘ de la islandesa Auður Ava Ólafsdóttir ha sido el último de los fenómenos de una literatura nórdica que nos tiene más acostumbrados a tratar temas policíacos que historias poéticas como la que nos ofrece esta autora.

Eso es lo que nos hizo entrevistarla para la revista AUX Magazine en un texto que reproducimos a continuación y que se publicó originalmente bajo el título ‘Una rosa entre la lava‘.

El éxito de la trilogía ‘Millennium‘ de Stieg Larsson consiguió acercar a nuestras librerías la literatura nórdica, pero también nos hizo creer que los vikingos disfrutan de la literatura si y sólo si hay un mínimo de un crimen de por medio… siendo siempre preferible que haya alguno más, claro está.

Auður Ava Ólafsdóttir, autora del último de los descubrimientos literarios al otro lado del Atlántico Norte, nos avisa de que “en las páginas de ‘Rosa Candida‘ no hay ningún asesinato. La literatura negra“, sigue, “no es más que un fenómeno internacional relativamente nuevo en Islandia que usa algunos clichés y estereotipos de género que la hacen igual en todas partes. Yo estoy particularmente interesada en los grandes eventos de la vida, como el nacimiento, la muerte y… realmente todo lo que sucede entre medias: especialmente el modo en el que llegamos a entrar en contacto con otras personas y cómo esas relaciones que vamos estableciendo terminan de conformar quién somos”.

Rosa Candida‘ cuenta la historia de Lobbi, un joven de 22 años que emprende un largo viaje después de la muerte de su madre. A pesar de que el objetivo más visible de ese viaje sea el de hacerse cargo del jardín de un monasterio al que llevará unos ejemplares de la Rosa Candida que da nombre a la novela, su objetivo real será el de hacer que Lobbi llegue a conocerse a sí mismo. “Podría decirse que ‘Rosa Candida‘ es una novela existencialista“, comenta la autora al hilo de esto, “pero yo prefiero pensar que es una novela imposible de clasificar”.

Auður Ava Ólafsdóttir ha querido escribir una historia llena de poesía, que “sublime los lugares comunes del día a día hasta convertirlos en algo más elevado“. Éste ha sido su modo de tratar de “expresar algo complejo de un modo muy simple. Quería que el libro fuera de fácil lectura, pero que, aun así, resultara profundo. Si el lector profundiza lo suficiente en el texto, podrá encontrar en él los conflictos filosóficos que han caracterizado desde siempre la existencia humana”.

“La publicidad y los medios de comunicación dan normalmente una imagen muy simplista de lo que es un hombre”, explica la autora al preguntarle por el nuevo arquetipo masculino que ha creado al dar vida a Lobbi. “Así que decidí contar la historia de cómo un joven se convierte en adulto a través de la paternidad. Mi héroe no es el primer hombre del mundo en recibir la llamada de una extraña para informarle de que ésta está esperando un hijo suyo. Me he querido centrar en los diferentes roles que desempeña el hombre a lo largo de su vida (hijo, hermano, padre, amante…) para construir esta historia que quiero que se perciba como un homenaje a los hombres.

Otra de las cosas en las que he querido profundizar”, prosigue, “es la sensibilidad masculina. Y para ello he tenido que romper con algunas ideas preconcebidas de lo que es un hombre y de lo que es una mujer. He decidido crear mis personajes sin tener en cuenta su sexo, olvidándome de todo prototipo anteriormente creado”.

El lenguaje es algo muy importante en todas las novelas de la islandesa, y en este caso es el encargado de aislar a Lobbi y de hacerlo volcarse sobre sí mismo. “Pienso”, explica la autora, “que el lenguaje está sobrevalorado en la comunicación humana, no creo que sea posible conocer a otras personas sólo a través de las palabras. Dicho esto, también creo que es una herramienta que se usa de un modo demasiado poco efectivo hoy en día. Más que para entender el mundo, parece que se use para justificar quién manda sobre él y para domeñarlo a los deseos de ese alguien”.

“De pequeña”, prosigue sobre este tema, “enseguida fui consciente de hablar un idioma entendido sólo por unos pocos e inaccesible al resto del mundo. Y como escritora creo que es un gran privilegio éste de poder escribir en un idioma hablado sólo por 320.000 personas. Cada uno de los idiomas que hay en el mundo es igual de importante que el resto porque da forma a un modo único de pensar. El joven protagonista de ‘Rosa Candida‘ viene de una isla y habla un idioma utilizado por muy poca gente. Pero, cuando llega a su destino, se pone como meta aprender un dialecto hablado todavía por menos gente. Nada de eso es una coincidencia”.

Estas ideas sobre el lenguaje se van desarrollando a lo largo de toda la novela de diferentes formas. El padre Thomas “habla muchos idiomas pero no consigue entender mejor por ello las cosas que suceden a su alrededor”, el hermano de Lobbi “es un autista que no sabe mentir”… y todo ello hasta llegar hasta nuestro protagonista y a su obsesión por el cuerpo, la comida (otra forma de convertir en tangible lo intangible) y la belleza. Y es que “en algunas ocasiones”, explica la escritora, “todo lo que uno puede hacer para conocer a alguien es sentir su cuerpo”.

Es una pena que la traducción del título que hace la edición en castellano de esta novela pierda, inevitablemente, la polisemia original. ‘Afleggjarinn‘ tiene “un total de tres significados: el primero de ellos es una carretera secundaria, un camino que cuenta con innumerables vueltas y revueltas y que no sabes demasiado bien adónde puede llevarte; el segundo de ellos es una flor, esta Rosa Candida que ha sido elegida como título en castellano, y por último también es así como se le llama a un niño que es hijo tuyo”.

La riqueza de estas acepciones toma cuerpo en la hija de Lobbi: una niña presentada como un ser maravilloso que cura los achaques de las ancianas vecinas de nuestro protagonista y que tiene un misterioso parecido con una escultura del niño Jesús que hay en la iglesia del pueblo. Y es que “¿no son los niños la luz del mundo?”, se pregunta la autora. “Y también son su futuro. Tratando el libro el tema del crecimiento a través de la paternidad, ¡era inevitable que saliera algún niño!”

Entrevista John Cale: ‘Extra Playful’

Conocimos a John Cale como el científico loco que había detrás de The Velvet Underground. Mientras que Lou Reed era el encargado que dotar a la formación de la necesaria actitud convirtiéndose en su rostro más visible, John Cale daba la sensación de ser el último responsable de ese sonido que tantas puertas ha abierto con el paso del tiempo.

Puede que esta imagen que tenemos de John Cale como cerebro experimentador de The Velvet Underground no sea más que el resultado de su trabajo previo con artistas como John Cage, pero la trayectoria posterior del galés no ha hecho más que confirmar está sensación.

Después de haber transitado por los terrenos minados de la música minimalista experimental y del avant-garde, John Cale ofrece en ‘Extra Playful‘ cinco canciones llenas de frescura que nos dan una idea de lo que puede ser su siguiente trabajo de estudio.

Esta es la conversación que mantuvimos con él con la excusa de la publicación de este EP y que publicamos en el número 53 de la revista AUX Magazine bajo el título de ‘Jugando con el maestro‘.

AUX Magazine: Tu última grabación de estudio es el EP ‘Extra Playful’. Tanto la música de las cinco canciones que componen el disco como el propio juego de palabras de su título (EP, ‘Extra Playful’, ‘Extra Lúdico’) parecen invitar a pasárselo bien…

John Cale: En efecto, eso es lo que busqué desde el principio con este trabajo. Siempre he oído hablar de mí diciendo que soy muy serio, muy intelectual, muy melancólico y meditativo… Así que simplemente pensé que podría ser una buena idea mostrar mi otra cara para cambiar un poco.

¿Es este EP un adelanto del camino que seguirá tu próximo disco, o simplemente un reflejo de lo que te apetecía hacer en este momento?

Hay un poco de las dos cosas. Había reunido demasiadas canciones como para grabarlas todas en un álbum, y algunas de ellas las había estado tocando en directo el suficiente tiempo como para ver cómo iban evolucionando hacia algo totalmente diferente. Me pareció que esos temas ya estaban listos para ser grabados y que, además, podrían servir a modo de pista sobre lo que puede esperar el público de mi próximo disco.

El EP empieza con toda una declaración de intenciones: “di hola al futuro y adiós al pasado”. ¿No es eso lo que llevas haciendo desde el principio de tu carrera?

Es verdad que no me gusta repetirme demasiado. Siempre prefiero tirar hacia adelante y doblar la esquina sin mirar atrás, aunque no sepa lo que puede esperarme allí. Ese no saber lo que te espera me parece mucho mejor que estar seguro de que ya has hecho lo mismo una y otra vez.

A pesar de que en este caso te hayas alejado del avant-garde de tus grabaciones anteriores, las canciones de ‘Extra Playful’ parecen más actuales que otras compuestas por otros músicos mucho más jóvenes que tú. No sé si esta actualidad es algo que buscas de un modo consciente…

Me siento muy halagado por ese comentario, pero no pienso demasiado en eso a la hora de componer. Supongo que esa actualidad es el resultado de sentirme conectado a todo lo que sucede hoy en día a mi alrededor…

A pesar de esta modernidad de la que te hablaba ahora, la verdad es que tu carrera parece un delicado equilibrio entre expectativa y experiencia. De hecho te tuvimos hace poco tocando tu
‘Paris 1919’ entero.

Siempre me gusta mezclar las cosas, me parece que esa mezcla hace que todo sea mucho más interesante. Empecé a representar esos espectáculos basados en ‘Paris 1919’ porque mis seguidores llevaban ya 30 años pidiéndome que lo hiciera, pero he intentado representarlos sólo en ocasiones especiales. No me gustaría hacerlo a lo largo de toda una gira… Eso me volvería loco, me parecería demasiado predecible.

Hablemos un poco sobre algunas de las canciones de este EP. ‘Catastrofuk’, la primera de ellas, es muy luminosa, con una melodía que se pega al momento.

¡Si esta canción te hace sentir feliz es porque la felicidad ya está en ti! (Risas…) La canción trata de cómo las cosas se desmadran de vez en cuando. Eso puede ser algo bueno, algo malo, o simplemente una locura, pero al menos significa que algo está sucediendo y eso es bueno, sin lugar a dudas. No es divertido vivir en un mundo demasiado cuadriculado.

‘Hey Ray’, por su parte, parece ser una divertida broma sobre toda la carga de paranoia que trajo consigo la guerra fría hace décadas. ¿Cuál es su historia real?

Es un homenaje a Ray Johnson, uno de los primeros artistas que conocí cuando llegué a Nueva York. Era un tipo muy extraño que nunca llamaba a nadie y nunca visitaba a nadie tampoco. Pero si le gustabas, podía enviarte por correo algún collage artístico encontrado. Ray vivía al margen de todo y de todos, y a mí me parecía un personaje de lo más fascinante por aquel entonces. He aprovechado la ocasión para evocar toda esa paranoia que tú mencionas porque es muy indicativa del periodo histórico en el que conocí a Ray.

‘Perfection’ me parece otro de los puntos álgidos del EP, mezclando todos esos efectos y todas esas capas de sonido para conseguir un resultado directo y pegadizo.

Siempre me ha gustado jugar con las capas en mis canciones, especialmente cuando eso contrasta con el minimalismo de otras de las pistas de un disco. Creo que este tema es el que mejor sirve de unión a lo que será el sonido de mi próximo disco.

Cuando te conocimos como miembro de The Velvet Underground, ya llevabas algún tiempo trabajando como compositor. ¿Qué influencia tuvo este trabajo previo con gente como John Cage en tu posterior carrera en el mundo del rock?

Cage es la persona que más influencia ha tenido en mi trabajo, sobre todo por su forma de comprender los espacios entre sonidos. El modo en el que él relacionaba música y silencio terminó de dar forma a mi modo de entender este arte.

Has podido vivir varias revoluciones musicales a lo largo de tu carrera. ¿Crees que puede producirse algo semejante en un mercado musical tan mercantilizado como el actual?

La palabra revolución se usa demasiado hoy en día. Creo que tendríamos que reservarla para algo más importante que la música, como la creación de un marco económico justo en el que todos podamos vivir con dignidad, o el descubrimiento de una cura para algunas de las graves enfermedades que aún padecemos por desgracia.

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Hasta aquí llegó la conversación con John Cale, pero no quería dar por terminado este post sin compartir el vídeo de la aparición del bueno de John en el programa ‘I’ve got a secret‘ del 16 de septiembre de 1963 con motivo de la primera representación completa de la obra ‘Vejaciones‘ de Erik Satie. Cale iba a ser uno de los interpretes de esta obra para piano que repite 840 veces una misma melodía hasta llegar a totalizar una duración de 18 horas y 40 minutos.

Creo que ninguno de los presentes entendió demasiado bien por qué eso tenía que ser así… a pesar de la clara explicación de Cale: “por ningún motivo“.

Pare terminar, os dejo con ‘Catastrofuk‘, tema que abre ‘Extra Playful

Entrevista a Guadalupe Nettel: ‘El cuerpo en que nací’

De un tiempo a esta parte, se ha dado una coincidencia bastante reveladora: toda una serie de autores nacidos alrededor de la década de los 70 entre los que se encuentran nombres como el de la mexicana Guadalupe Nettel, el español Marcos Giralt Torrente o el argentino Patricio Pron han publicado sendas novelas metaficcionales a medio camino entre la autobiografía y la obra de ficción.

Algunos de ellos hunden más sus pies en la realidad (o al menos en el modo en el que ellos recuerdan esa realidad), otros dejan que sea la ficción la que tome las riendas en ese trabajo de recordar… pero todos ellos echan la vista atrás para buscar en la figura de sus padres la razón de ser de las personas en las que se han convertido con el paso del tiempo.

Queremos empezar esta serie de entradas dedicadas a estas autobiografías con una entrevista que realizamos en la revista AUX Magazine a Guadalupe Nettel con motivo de la publicación de ‘El cuerpo en que nací‘ y que dimos en titular ‘Autobiografía de lo extraño’.
¿Qué importancia tuvo la enfermedad ocular que vertebra ‘El cuerpo en que nací’ a la hora de dedicarte a la literatura?
Yo nací con lo que todavía suele llamarse un defecto de nacimiento relacionado con la vista. Tenía (todavía lo tengo) un ojo más chico que el otro y veía bastante menos que la media. Durante mi infancia tuve una visión del 10%. Por eso me interesa tanto el tema de la vista y también el de la normalidad/anormalidad. He tratado esos dos temas en casi todos mis libros, sobre todo en ‘Pétalos’ y ‘El huésped’.
La literatura aparece muchas veces relacionada de un modo u otro con este concepto de enfermedad.
Y dentro de esas enfermedades, las que se refieren a la vista son las más presentes. Existe un vínculo enigmático entre la ceguera y la literatura. La leyenda quiere que Homero, el supuesto autor de la ‘Iliada’ y la ‘Odisea’, sea ciego aunque los primerísimos indicios de su existencia no contemplen esta información. Los escritores que se han quedado ciegos no son pocos y también hay una gran cantidad de novelas que tratan el tema de la ceguera… Escribí un ensayito al respecto porque el tema me apasiona.
¿Ha tenido un fin terapéutico la escritura de esta novela como sugiere la presencia de la Dra. Sazlavski? 
Es cierto que toda escritura es liberadora, pero mi objetivo no era únicamente terapéutico. Me interesaba también recrear esa época tan peculiar que fueron los años setenta, sus usos y costumbres, y homenajear a algunas de las personas que conocí entonces, como los hijos de los exiliados latinoamericanos que poblaron mi niñez. 
Hace un par de años publicaste en la revista Letras Libres un texto titulado también ‘El cuerpo en que nací’, en el que tratabas muchos de los temas que tratas en esta novela y tocabas también otros periodos como tu estancia en San Cristóbal de las Casas. ¿Fue ese texto el embrión de esta posterior novela? 
Sí, coincidió con la época en la que tuve a mi primer hijo. Escribí ese texto un par de meses después de dar a luz para un número sobre la autobiografía precoz. Juntar la experiencia de la maternidad con el ejercicio de hacer memoria sobre mi propia niñez abrió el grifo a todos esos temas que esperaban el momento de ser abordados. La reflexión sobre mi infancia me obsesionó durante un tiempo y, poco a poco, fue apoderándose de la novela que estaba escribiendo en ese momento (y a la que he vuelto ahora) obligándome a escribir este otro libro que no estaba planeado. 
‘El cuerpo en que nací’ transita por México y Francia, pero ni ese México es el México típico al que nos tiene acostumbrado la literatura, ni esa Francia es la Francia típica que conocemos por los libros. 
Creo que mi generación es una de las primeras en estar globalizadas. Yo crecí primero entre niños de exiliados de toda América Latina y después entre inmigrantes de África, de la India y del mundo árabe en general. También entre mexicanos y franceses. Y eso es un poco lo que cuento en este libro: la experiencia de ser y de vivir entre inmigrantes y, en particular, en ambientes marginales. El barrio en el que crecí en Francia estaba considerado de alta delincuencia y a mi colegio iban los vecinos de ese lugar. Era gente pobre y en muchos casos muy frustrada que vivía expuesta a la violencia y con oportunidades muy reducidas. Cuando veo los disturbios que se producen ahora en las banlieues, recuerdo a esos chicos que ahora son mayores y me parece lógico que actúen de esa manera. 


Esta noción de marginalidad, o al menos de anormalidad, es muy importante en todas tus obras.
 
Creo que lo normal y lo anormal son categorías muy estúpidas que han estado vigentes desde siempre en prácticamente todas las sociedades y que tienen que ver más con valores estéticos, morales, de clase y raciales que con la medicina. Estas categorías están en el origen de la discriminación y del racismo: el miedo a lo diferente, a aquello que nos cuestiona. En mis textos critico estas actitudes y estos parámetros preestablecidos y sostengo que la belleza humana es semejante a la de una obra de arte. Se esconde en la fuerza que irradian los seres vivos (las obras de arte a su manera también lo son), en esa condición única e irrepetible que conmueve y sorprende a la vez. 
Si evocar un recuerdo supone modificarlo sin darnos cuenta, supongo que la escritura de ‘El cuerpo en que nací’ también ha debido de tener mucho de elaboración y reelaboración de tus recuerdos de niñez. ¿Hasta qué punto es autobiográfica esta novela y hasta que punto es una autoficción? 
Cualquier autobiografía, por apegada que esté a los hechos, acaba siendo ficción. La realidad -sobre todo cuando nos referimos a las relaciones entre seres humanos- es algo a lo que no tenemos acceso si no es pasándola por el prisma de nuestra interpretación. Yo era conciente de esto y sabía muy bien que, al elegir contar ciertos episodios y desechar otros, estaba recortando un perfil determinado. El perfil que le quise dar fue este énfasis en la marginalidad física, psicológica, geográfica y social. Me interesaba desarrollar esta idea de “los trilobites y las cucarachas del mundo unidas”. 
En estos últimos meses nos están llegando muchas obras con tintes autobiográficos escritas por autores nacidos en los setenta. ¿Cómo recuerdas ahora esa década, ese tiempo de ausencia de límites y de búsqueda de nuevos horizontes?

Es verdad que a mis contemporáneos les interesa recordar la infancia y hablar de la época tan peculiar en la que crecieron. A mí me tocaron muy profundamente los libros de Marcos Giralt Torrente, Alejandro Zambra y en el ámbito anglo sajón el de Nick Flynn ‘Una noche de mierda en esta puta ciudad’. Siento que mi libro está en resonancia con ellos, pero también libros más antiguos que se inscriben en el mismo género como ‘El lamento de Portnoy’ de Philip Roth, ‘La promesa del alba’ de Romain Gary o ‘Autobiografía de mi madre’ de Jamaica Kincaid.