‘Supermalia’: relatos de superhéroes y villanos

Después del buen sabor de boca que me dejó la novela ‘Ciudad de heridas‘, tenía muchas ganas de leer el segundo lanzamiento de Ediciones el Transbordador. Aunque lo que los malagueños nos ofrecen en  esta ocasión se trata de algo muy diferente: una antología de relatos de superhéroes y villanos (en el sentido más amplio de la palabra) coordinada por Montiel de Arnáiz que llega a nosotros con el título de ‘Supermalia‘.

Siempre es difícil valorar una antología. Especialmente cuando han participado en ella autores muy diferentes, como es el caso. Pero, por suerte, la inmensa mayoría de los relatos de ‘Supermalia‘ esconden en su interior algo especial que hace que su lectura merezca la pena.

A veces es una nueva luz que se arroja sobre un terreno por lo demás trillado, otras el modo en el que se trasladan a un nuevo contexto las ideas de superpoder y superhéroe…

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Desde la atmósfera onírica de ‘Dulces sueños‘ de Jesús Carrasco, hasta el regusto pop de ‘Supercanalla‘ de Déborah F. Muñoz, los relatos de ‘Supermalia‘ exploran lo que significa tener superpoderes desde las ópticas más diversas, alejándose la mayoría de los relatos de lo que normalmente solemos entender por historias de superhéroes.

Son unos relatos adultos. A los que les importa más el superhéroe como persona, que la persona como superhéroe. Y que no están exentos, por supuesto, de un humor que en ocasiones roza lo cáustico… pero por arriba, como a mí me gusta.

El mimo con el que Ediciones el Transbordador ha cuidado el formato de esta antología supone una vez más un valor añadido. Un particular Cuaderno de Reclutamiento y una excelente serie de ilustraciones completan la antología, dándole al lector una sensación de trabajo bien hecho que hoy día es difícil llegar a tener en las grandes editoriales.

Así pues, lean y disfruten de esta interesante colección de relatos, porque seguro que anotan más de un nombre nuevo en su particular lista de autores a los que seguir la pista.

‘El mundo invisible de Hayao Miyazaki’, entrevista a Laura Montero

Resultaba increíble que no hubiera un libro de calidad escrito en castellano sobre el genial Hayao Miyazaki.

Por suerte, Laura Montero y la editorial Dolmen saldan esta deuda ofreciéndonos ‘El mundo invisible de Hayao Miyazaki‘: un estudio en profundidad, no ya sólo sobre el trabajo de este genio, sobre el modo en el que su trabajo se imbrica dentro del más amplio mundo de la animación japonesa

Éste es el texto íntegro de la entrevista que le hice a la autora para el número 50 de la revista AUX Magazine. ¡No tiene desperdicio!

Me ha sorprendido el leer que el cine de animación japonés no tiene tan buena salud como solemos creer normalmente. ¿Cuáles son realmente las características más importantes de ese mercado?

En comparación con el mercado español, el cine de animación en Japón sí goza de una gran salud, lo que pasa es que muchas producciones de grandes directores como Otomo u Oshii no baten récords de taquilla como sí hace Miyazaki. Otra historia son las películas que surgen de series de éxito y que casi siempre se cuelan entre las 50 películas más vistas cada año. Hemos de tener en cuenta que el mercado de anime es muy grande, y que las tres ramas de las que se nutre y retroalimenta son el manga, la televisión y el cine.

Si ya hay confusión entre manga y anime en lo que al gran público se refiere… de géneros ni hablamos, ¿no?

Efectivamente, si no hablas con alguien que haya leído algo sobre el tema, mencionar conceptos como shoujo, shounen o seinen no lleva a ninguna parte. De hecho, hace unos años, cuando se estrenó ‘Gisaku‘ en Madrid, el productor dijo que la película era un shounen y que se trataba de un género destinado a toda la familia. Yo no salía de mi asombro porque se suponía que se habían documentado para hacer la producción y no tenía ni idea de lo que estaba hablando.

Lo que sí está claro es que los que consumimos manga y anime conocemos, por lo menos, las grandes categorías de los géneros.

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¿Qué diferencia para ti a la animación japonesa de la del resto del mundo?

Pues en realidad muchas cosas. Cuantitativamente que hacen muchísimas producciones y que ese abanico ofrece historias para casi todas las edades.

Por otro lado que tiene unos códigos narrativos y estéticos muy característicos. La gran diferencia estriba en que la animación comercial no tiene que ser necesariamente para niños, ese simple hecho ya crea un abismo con respecto nuestra concepción tradicional de la animación.

¿Y a Miyazaki de otros creadores de su país?

Su capacidad para hacer diseños atractivos (Totoro, Calcifer, Ponyo, etc), su enorme imaginación, la construcción de personajes complejos que no caen en la maldad o la bondad absoluta, y el mimo y detallismo que da a cada una de sus obras.

¿Cuál es tu película preferida de este cineasta y por qué?

La princesa Mononoke‘. Es una película con una animación impresionante y que narrativamente está muy emparentada con el cine clásico japonés. Es un ejemplo de que se puede contar un asunto grave y profundo a través de dibujos.

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¿Qué película de Miyazaki le recomendarías a alguien que quiere adentrarse por primera vez en su mundo? ¿Por qué?

Puff, esa pregunta es dificilísima. Ojalá tuviera la clave para convencer a la gente de que viera animación. Para niños yo diría que Ponyo o Totoro. Los adultos son más complicados. Mi experiencia me dice que a los hombres la que más les atrae es ‘Porco Rosso‘, que es desde luego una película fundamental. Yo podría decirle a un adulto que viera ‘El viaje de Chihiro‘ usando como argumento que es buena porque ganó un Oscar y el Oso de Oro en Berlín, pero creo que es difícil para un adulto entrar en esa película si nunca ha visto anime. Como ves este tema me genera más dudas que soluciones (risas).

¿Podrías recomendarnos un trabajo desconocido en Occidente con el que saciar la curiosidad del más fiel de sus seguidores?

¿De Miyazaki? Cualquier de los cortometrajes que se exhiben en exclusiva en el Museo Ghibli de Tokio.

Del resto de directores, me temo que el más fiel de los fans está al día de todo desde que tenemos internet, así que anunciar algo que no sepa un fan no es tarea fácil. Aun así hay cosas muy interesantes. Yo no me canso de recomendar el trabajo de Mamoru Hosoda, a quien todo el mundo señala como al heredero de Miyazaki. Su película ‘Summer Wars‘ me parece impecable y, por lo poco que he visto de ‘Ookami kodomo no Ame to Yuki‘, creo que también promete muchas cosas.

¿Y tres películas de otros cineastas que no nos podamos perder?

‘Summer Wars’, ‘La tumba de las luciérnagas‘ y ‘Millennium Actress‘, aunque hay muchísimas más.

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A veces parece más fácil convencer al jurado del festival Internacional de Berlín que a los padres de uno. ¿Cómo les explico esta vez que no estoy viendo “películas para niños”?

Es muy difícil acabar con ese prejuicio. La réplica más habitual es precisamente decir que ha ganado premios en festival, pero si la persona ya va predispuesta a pensar que son “dibujitos”, poco se puede hacer… Uno de los motivos que me llevó a hacer la tesis y, por consiguiente, el libro de ‘El mundo invisible de Hayao Miyazaki‘ fue intentar hacer ver a toda esa gente que la animación es un campo vasto, y rico en matices y temáticas.

La animación ha sido siempre la hermana menor del cine “de verdad”, y supongo que esto habrá tenido mucho que ver con que se hayan publicado tan pocos libros sobre animación en castellano. ¿Qué títulos nos recomendarías?

Para mí el título fundamental es ‘Dibujos en el vacío. Claves del cine Japonés de animación‘, aunque hay otros como ‘Cine de animación japonés‘ (en el que tuve el honor de colaborar). Hace poco también han caído en mis manos ‘Satoshi Kon. Superando los límites de la realidad‘ y ‘Guía para ver y analizar: El viaje de Chihiro‘. No he tenido tiempo de leerlos aun pero parecen realmente interesantes. Afortunadamente poco a poco se están consiguiendo editar obras series sobre el anime, algo que nos venía haciendo falta desde hace muchos años.

Parece que estos últimos años está habiendo cada vez más proyectos de animación española (y europea) para mayores. ¿Cómo ves la evolución de este cine ahora mismo?

En el caso de Francia, es una industria que lleva mucho tiempo funcionando; ellos tienen una visión sobre la animación muy amplia. En el caso español, me alegro mucho de que empiecen a aparecer películas como ‘Chico y Rita‘ o ‘Arrugas‘. En este país tenemos que aprender que para hacer una buena película de animación (para niños o adultos) lo fundamental es tener un buen guion. Espero que con las nuevas propuestas consigamos hacer que la industria evolucione. Salvo ‘Nocturna‘ (una película que creo que pasó desapercibida muy injustamente) no había visto ningún avance real hasta el año pasado.

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¿Qué es lo que más te atrajo de este mundo para elegirlo como motivo de estudio en tu Doctorado de Historia del Cine?

A mí la animación y la fantasía en general me han atraído siempre. Yo soy de la generación de los ochenta, así que de niña pude ver todo el anime que quise y más (risas). Conforme fui creciendo no perdí el interés, pero he de confesar que fue el visionado en cine de ‘La princesa Mononoke’ en el 2000 lo que me animó a escribir la tesis sobre Hayao Miyazaki.

¿Cómo se explica que no haya habido antes ningún estudio en profundidad en castellano sobre Miyazaki?

Bueno, hasta hace poco en el ámbito académico no había mucho interés por estudiar la animación. Han aparecido algunos textos cortos, pero investigar sobre Miyazaki en España hace 8 años, no era tarea fácil. En castellano no había casi nada, salvo alguna crítica suelta. El 90% de la documentación que he empleado para escribir al libro está en inglés, francés y japonés. Esa labor requiere muchísimo tiempo y esfuerzo, y también un apoyo financiero. Yo tuve la suerte de obtener una beca del Ministerio de Educación; sin ella no creo que hubiera podido terminar la investigación con la dedicación y profundidad que yo quería.

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Y es que uno podría pensar que tu libro es un catálogo de sus películas y poco más… pero ni mucho menos. ¿Cuánto tiempo de investigación te ha llevado si es que se puede acotar ese tiempo?

El hecho de que el libro no sea un catálogo de películas es algo que yo decidí conscientemente. Hay muchos libros que ya hablan de la obra de Miyazaki película a película, y yo quería hacer algo distinto; quería mostrar claves de lectura y desvelar misterios para el espectador (tanto para mí como para otros). Para ello me pareció fundamental poner a estudiar japonés, una decisión de la que me he arrepentido algunas veces porque es un idioma que requiere muchísima disciplina (risas). Así que desde que empecé a estudiar japonés y a encontrar fuentes primarias y secundarias hasta que terminé de escribir han pasado casi ocho años.

El otro día comentaba en mi tienda de cómics de confianza (mal empezamos) que, mientras que el fútbol es cultura, mundos como los de los cómics y la animación son reductos para frikis. ¿Tienes todavía esta sensación?

Me temo que sí. Creo que sigue siendo una asignatura pendiente. De todos modos, nuestra generación y las que vienen detrás son las que vamos a empezar a marcar la diferencia, a demostrar que este sector también es cultura: en las universidades cada vez aparece más gente interesada por los cómics y la animación, en España cada vez se pueden encontrar editadas más obras de referencia… Poco a poco estamos abriendo en camino, aunque esté costando más que en otros países.

Si te ha parecido interesante, ¡corre a hacerte con ‘El mundo invisible de Hayao Miyazaki‘ antes de que se agote!

‘La vida en 7 minutos’, Pep Bras

La noche del 24 de abril de 1991, el Increíble Hundersand hipnotiza a dos personas como punto culminante de su espectáculo de magia y les roba siete minutos de su vida. Ellos son Toni y Julia; dos jóvenes que, a pesar de ser dos completos desconocidos en esos momentos, terminaran por compartir sus vidas con el paso del tiempo.

La vida en siete minutos’ es la historia de la caída y recuperación de Toni. Y la de su posterior caída aún mayor. Y la de la recuperación que siguió a esa caída antes de volver a zambullirse en un nuevo pozo sin fin. Y es que, siguiendo la máxima de Robert McKee que vertebra la novela y guía los pasos de todo guionistas que se precie y, sobre todo, precie a su público, Pep Bras está decidido a no hacer la vida fácil a su protagonista en ningún momento. De hecho hay alguna escena tan embarazosa que un servidor tuvo que tirar de fuerza de voluntad para seguir adelante en vez de sucumbir ante la vergüenza ajena y abandonar el libro. Esto es lo que pasa cuando uno se identifica con un personaje y empieza a vivir la historia en sus carnes.

Pep Bras lleva tres décadas trabajando como guionista en cine, radio y televisón, y lleva trabajando con Andreu Buenafuente en El Terrat desde sus inicios en la radio. Eso se nota en el guión perfectamente tramado de ‘La vida en siete minutos’. Ni una información superflua ni un fleco suelto al terminar la historia, y eso hace que ese pequeño esfuerzo del que hablaba líneas más arriba mereciera sobradamente la pena una vez echada la vista atrás al volver la cubierta de la novela.

La vida de Toni depende de la reconstrucción de esos siete minutos robados por el Increíble Hundersand. ¿Conseguirá nuestro maltrecho héroe salir victorioso de la aventura?

Texto originalmente publicado en el número 56 de la revista AUX Magazine

Entrevista Irvine Welsh: ‘Col recalentada’

Irvine Welsh ha sido siempre un escritor controvertido. Welsh nació y creció en Edimburgo y vivió codo con codo con esos personajes que pueblan su peculiar mundo literario: unas personas que viven al margen del sistema, pero a las que Welsh tampoco cree que les quede otro remedio.

“Realmente creo que estas persona nunca han tenido la oportunidad de elegir”, explica el propio Welsh al preguntarle sobre la naturaleza de sus personajes. “El futuro de la mayor parte de la gente joven que vive en los estratos menos acomodados de la sociedad británica ha sido simplemente destrozado por el modo en el que las clases más pudientes están gestionando nuestro presente. De hecho, creo que el futuro de esta gente está hipotecado al menos durante dos generaciones, y no me da la sensación de que nada de todo esto esté mejorando”.

A pesar de que Welsh escriba desde lo concreto, reproduciendo los modelos que vio una y mil veces a lo largo de unos años de juventud en los que esta clase obreramás desfavorecida tuvo su momento de esplendor mediático gracias al estallido del movimiento punk y llegando incluso a transcribir de modo cuasi-fonético el dialecto de este grupo social, coincide con nosotros al apuntar que dirige su mensaje a un mundo globalizado en el que “la democracia ha sido negada”.

El poder de decisión del pueblo es nulo y las sociedades occidentales “pronto estarán funcionando de facto siguiendo el modelo chino“. Y es que, como bien recuerda el propio Welsh, “China es el país que está cosechando más éxitos ahora mismo. De hecho, y un poco a modo de ejemplo y de pista sobre lo que puede depararnos el futuro, el gobierno chino está comprando todos y cada de los estudios de Hollywood que han entrado en bancarrota a lo largo de estos últimos años”.

Trainspotting‘ fue el primer fogonazo que Irvine Welsh disparó contra nuestras mentes bienpensantes, pero, a pesar de que muchos lo creyeran así, Welsh no había salido de la nada sino que llevaba años curtiéndose en el mundo de los relatos cortos: un género del que sus novelas son tan evidentes como confesas herederas. Evidentes por el fluido entramado de historias cortas que normalmente da forma a las novelas de Welsh, y confesas porque el propio autor ha explicado más de una vez que ‘Trainspotting‘ nació de un grupo de relatos breves que evolucionaron hacia algo diferente.

“Una gran parte de los escritores empiezan en el mundo de la literatura escribiendo relatos“, explica al preguntarle sobre su relación con el arte de la narración breve, “pero tengo la sensación de que la mayoría de ellos tienen la impresión de que su primera novela es una especie de graduación, y yo no estoy para nada de acuerdo con esta idea. Hay autores que logran condensar en un relato todo el contenido profundo de una novela, como por ejemplo Alice Munro o Annie Prolux, y eso es algo más complicado de lo que la gente cree”.

Col recalantada‘, una expresión “muy italiana” que “en su versión original tiene el significado de volver a acostarse con una antigua pareja“, recoge precisamente algunos de los relatos que Irvine Welsh escribió en sus comienzos y los complementa con ‘Yo soy Miami‘, una novela corta escrita posteriormente que pone el contrapunto a esos relatos y muestra la evolución de Welsh como escritor.

Al preguntarle sobre el motivo de esta recopilación, Welsh es bastante sucinto. “He escrito muchas historias a lo largo de todos estos años”, dice, “y muchas de ellas aún me gustan. Creí que sería una buena idea reunirlas en un solo volumen, porque fueron publicadas en unas publicaciones que en su mayoría ya no existen”.

Los tiempos de la eclosión punk fueron especialmente prolíficos en lo que a cultura urbana se refiere y Welsh recuerda algunas de estas publicaciones como “verdaderamente geniales: eran unas revistas y unos fanzines de literatura punk que estaban allí para dinamitar la ortodoxia de las editoriales tradicionales y tratar de abrir grietas en su entramado. Algunas de estas publicaciones, como el ‘Rebel Ink’ de Kevin Williamson, llegaron a tener una influencia muy grande”.

Además de la naturaleza de sus personajes y el modo en el que éstos son descritos, los relatos de Irvine Welsh han tenido siempre ciertas cosas en común como son el empleo del humor para sublimar algunas escenas particularmente escabrosas y el hecho de que la mayoría de sus personajes tengan que enfrentarse tarde o temprano a las consecuencias de sus acciones.

Welsh entiende este humor como “algo necesario, algo sin lo que estas historias no serían soportables”, pero niega que enfrente a sus personajes a las consecuencias de sus actos para conseguir ampliar este efecto humorístico. “El efecto puede conseguirse según y en qué relato”, explica, “pero creo que la redención es un proceso necesario tanto en lo espiritual como en lo social y que sólo puede conseguirse enfrentándose a los propios actos”.

Entre la pléyade de personajes que pueblan los relatos de ‘Col recalentada‘ encontraremos a viejos conocidos como ese Begbie que lo acompaña desde la publicación de ‘Transpoitting‘. De hecho, y a pesar de que él se limite a comentar que “lo importante son las historias” y que “hay algunos personajes que siempre seguirán generándolas”, Welsh lleva dos décadas creando un universo propio en el que sus novelas y relatos breves encajan como si fueran las piezas de un puzzle, y por el que sus personajes campan a sus anchas.

No es de sorprender entonces que la última novela de Welsh, recién publicada en el mercado anglófono, sea precisamente una precuela de ‘Trainspotting‘ que el escocés ha dado en titular ‘Skagboys‘. Y es que estos personajes son ya como “viejos amigos con los que es un placer divertirse”.

Texto originalmente publicado en el número 56 de la revista AUX Magazine

‘El enredo de la bolsa y la vida’, Eduardo Mendoza

La anterior novela de Eduardo Mendoza, ‘Riña de gatos’, fue todo un éxito. Desde que le concedieron el Premio Planeta, todo el público supo que tenía que leerla y que tenía que gustarle (o al menos que tenía que descargársela dentro del enésimo pack de 1.500 libros que todo el mundo debe tener y atesorarla en su lector electrónico preferido). Pero muchos de los lectores habituales del barcelonés creímos que faltaba algo en aquella novela. Y es que, a pesar de que algunos defiendan sus trabajos más serios creyendo que gravedad es igual a alta cultura, es en su vertiente más satírica donde Eduardo Mendoza destapa el tarro de las esencias, lo vuelca y, despojándolo de todo su contenido, lo llena con una mezcla de panceta, churros y vino tinto de garrafón tan embriagadora que es difícil no sucumbir a sus encantos.

El enredo de la bolsa y la vida’ supone la cuarta entrega de las aventuras del detective sin nombre que ya protagonizara ‘El misterio de la cripta embrujada’, ‘El laberinto de las aceitunas’ y ‘La aventura del tocador de señoras’. Como en estas anteriores tres novelas, Mendoza extiende ante nosotros el plano de una Barcelona tan esperpénticamente valleinclanesca que no nos queda más remedio que reconocer en ella retazos de la ciudad que nos rodea en nuestro día a día. La economía que baja, los bazares chinos que suben, los africanos albinos que trabajan como estatuas humanas en las Ramblas… y una Angela Merkel que surge como de la nada para dar la última vuelta de tuerca a la trama que se cierra alrededor del cuello de los protagonistas.

Como la vida real, oigan.

Texto originalmente publicado en el número 55 de la revista AUX Magazine

Entrevista Javier Calvo: ‘El jardín colgante’

Tengo un problema.

Y es que ‘El jardín colgante‘, la última novela del barcelonés Javier Calvo y flamante ganadora del Premio Biblioteca Breve 2012 convocado por la editorial Seix Barral, me ha parecido una obra hilarante cuando el autor ha querido crear “una novela criminal oscura, violenta y deprimente“.

Vamos: que me ha dado la tarde.

“La novela”, como explica el propio Calvo, “narra el conflicto entre el Servicio de Inteligencia” español, “como representante del estado, y la” organización armada “TOD, que representa la rebelión contra el sistema”, en el marco de una Transición que le sirve al barcelonés para hablar “de lo que se sacrifica en esos momentos de cambio: desde vidas humanas hasta rasgos de la identidad colectiva o la memoria histórica y también lo que se sacrifica en términos de posibilidades de rebelión”.

Calvo concreta que en ambos bandos hay una dialéctica de enfrentamientos entre sus individuos”, pero que “el eje central del libro es cómo el sistema destruye a la TOD”. Esto permite al autor “situar una de las ideas centrales del libro: la muerte de la rebelión. El fin de la lucha armada de extrema izquierda en los años 70 como martirio, como sacrificio para garantizar la estabilidad del sistema. Por eso hoy tenemos un sistema tan eficaz y poderoso y ninguna posibilidad de respuesta ciudadana” 

La caída de un devastador meteorito “funciona como metáfora de un fin de época y de una muerte de la trascendencia“, pero lo que Calvo realmente ha querido realmente explorar ha sido “la división entre una izquierda institucional que se integra en el sistema y una izquierda marginada o expulsada del proceso de la transición que no tiene más remedio que subsistir con las armas“. 



Así contado, parece algo realmente desternillante, sí. Entonces, ¿por qué mi mente ha hecho este cambio de registro tan abrupto? Siempre cabe la posibilidad de que sea por una psicopatía no diagnosticada (¿algún psicólogo entre los lectores?) pero creo que la presencia de unos personajes tan planos que sólo tendrían sentido en el terreno de la sátira ha tenido mucho que ver con ello. De hecho, el propio fallo del premio destaca el “brillante tono paródico” de la novela. 

Arístides Lao y Teo Barbosa “son dos personajes antitéticos en casi todos los sentidos, aunque ambos acaban revelándose como partes de la misma conjura. Son personajes alegóricos: Lao representa la maldad del sistema y su naturaleza inhumana y cruel, y Barbosa es más bien un joker, un agente doble, alguien sin identidad propia condenado a desaparecer devorado por la Historia y la lucha política”. 

Sea pues.

Texto originalmente publicado en el número 55 de la revista AUX Magazine

Entrevista Jonathan Coe: ‘La espantosa intimidad de Maxwell Sim’

Muchos conocimos a Jonathan Coe por ‘La lluvia antes de caer‘. En este novela se alejaba de la sátira política que tantos éxitos le había dado, pero el británico no ha sido capaz de alejarse del humor durante mucho más tiempo.

En ‘La espantosa intimidad de Maxwell Sim‘ arremete contra las nuevas tecnologías y esa falta de contacto real con el prójimo a la que tanto y tal fácilmente nos estamos acostumbrando. Todo esto, a través del viaje que hace su protagonista a las islas Westman para llevar un cargamento de cepillos de dientes como parte de una campaña publicitaria impulsada por uno de los pocos amigos de carne y hueso que aún conserva.

Esta es la entrevista que le hice a Jonathan Coe para el número 54 de la revista AUX Magazine y que se publicó bajo el título de ‘¿Hay alguien ahí?‘.

Espero que os guste.

Maxwell Sim es incapaz de comunicarse cara a cara con la gente que le rodea. ¿Crees que la ilusión de comunicación que ofrecen las redes sociales es en parte responsable de que mucha gente sufra esta dificultad?

Probablemente sí. Me he dado cuenta de que cada vez encuentro más excusas para no mantener conversaciones en tiempo real con otra gente. Si tienes que arreglar una cita, por ejemplo, siempre es preferible mandar un mensaje de texto o un correo electrónico porque te evita esos embarazosos momentos de contacto humano que no podrías evitar de otro modo. Aún nos queda un largo camino por recorrer, claro, pero nos estamos desligando poco a poco de la interacción real con el prójimo.

Maxwell Sim sólo se siente cómodo con Emma, la voz de su GPS, y da la sensación de que esa comodidad nace del hecho de que ella jamás lo cuestiona… no parece estar preparado para una relación de verdad con alguien, aunque ésta sea de amistad.

Maxwell necesita a alguien que sea totalmente obediente y que nunca lo cuestione, pero eso sólo demuestra lo mucho que lo asusta el tener una relación de verdad con alguien porque las relaciones en la vida real están llenas de conflictos y de retos que superar.

Lo títulos de los cuatro relatos intercalados en la novela son bastante reveladores: agua, tierra, fuego, aire. Da la sensación de que estás intentando recuperar los aspectos más tangibles de la vida a través del viaje en el que hacer partir a Maxwell, ¿no es así?

En el momento en que comienza el viaje de Maxwell Sim él lleva ya demasiado tiempo viviendo en un mundo virtual, y sentí la necesidad de volver a hacerle conectar con las cosas más elementales. Tuve la suerte de que me pidieran contribuir a un proyecto colaborativo sobre los cuatro elementos justo en la época en la que estaba trabajando en este aspecto de la novela. No puedo decir que este proyecto me diera exactamente la idea de incluir estos cuatro relatos, pero sí que me ayudo a que todo lo que llevaba tiempo circulando por mi imaginación terminara de tomar cuerpo.

El hecho de que Max pase tanto tiempo en su coche lo emparenta con ese hombre de la calle que vive en los suburbios de una gran capital y trabaja cada vez más lejos de su casa. ¿Era esa tu intención?

Llevo mucho tiempo queriendo escribir una novela que explore la gran paradoja del coche: es un vehículo que se supone que tiene que ofrecernos la forma más eficiente de conectarnos los unos con los otros, pero al mismo tiempo puede también hacernos sentir más aislados que nunca. Me interesa el modo en el que el coche se comporta como un universo que se contiene a sí mimo: un universo hacia el que el conductor se puede sentir tremendamente protector. Cuando estás conduciendo, un ataque contra tu coche es como si fuera un ataque contra tu propia alma. El coche conforma un espacio de gran intimidad, y es esto lo que hace que la relación entre Max y la voz de su GPS termine siendo tan cercana.

En tu novela hablas de varias marcas que han terminado formando parte de nuestra cultura común. Me ha parecido algo curioso, pero me ha sorprendido aún más el que no me haya resultado para nada chocante. Supongo que nuestra vida está regulada de algún modo por estas marcas…

Me ha sorprendido la cantidad de lectores que se me han quejado de las referencias a Starbucks, Facebook, etc. que hay en la novela. Me parece que éstas y otras marcas son las que configuran ahora mismo el horizonte de nuestro consumo y, siendo ése mismo horizonte lo que la novela pretende describir, no he tenido más remedio que utilizar sus nombres. Si esto implica que futuras ediciones de la novela tengan que ir acompañadas de algunas notas aclaratorias a pie de página, que así sea. Pero personalmente creo que habrá más gente tomándose un café en un Starbucks dentro de 50 años que leyendo ‘La espantosa intimidad de Maxwell Sim’.


La figura de Donald Crowhurst me ha parecido muy atractiva. Ese aventurero que trata de utilizar la tecnología para mentir sobre su intento de dar la vuelta al mundo en solitario hasta llegar al extremo de la locura. Al principio pensé que sería una invención tuya, pero lograste que me picara la curiosidad lo suficiente como para investigar un poco sobre él a través de Internet y comprobar su existencia.

Cuando aparezco en el último capitulo de la novela, explico el modo en el que entré en contacto con la figura de Donald Crowhurst: Laura Cumming, crítica de arte del Observer y buena amiga mía, me hizo llegar un ejemplar del libro ‘El extraño último viaje de Donald Crowhurst’ de Nicolas Tomalin y Ron Half. Ella me recomendó el libro como obra literaria, y es cierto que es una obra maestra, pero lo que más me interesó de él es el paralelismo que vi entre la historia de Crowhurst y la de Maxwell Sim. Trataban los mismos temas de la soledad, las tecnologías y la comunicación, y la búsqueda de la propia identidad. La principal diferencia entre las dos historias viene dada por el modo en el que ha cambiado la tecnología en los últimos 40 años. Ahora mismo puedes navegar todo alrededor del mundo sin perder tu conexión a Internet en ningún momento.

La diferente escala de los viajes de Crowhurst y Maxwell Sim produce un efecto realmente cómico en tu obra.

Esa combinación se da en todas mis novelas de un modo u otro. Tengo un carácter melancólico y suelo intentar escribir de tipos con un carácter similar al mío. Utilizo el humor para entretener al lector, pero también porque tengo la sensación de que si perdiera ese sentido del humor mis sentimientos de tristeza y consternación para con el mundo me superarían y terminarían por poder conmigo. ‘Maxwell Sim’ es una comedia sobre la depresión no demasiado diference en última instancia a ‘What a Carve Up!’, uno de mis anteriores trabajos. Pero uno de los componentes de la depresión es la inercia, y si dejas que esa inercia se apodere de tu narrativa puedes perder a todos tus lectores.

Disfruté mucho con el último capítulo de la novela: un pasaje metaficcional cuya naturaleza no creo que debamos desvelar aquí, pero que hará las delicias de todos los aficionados a estos juegos entre la ficción y la realidad.

La idea de ese último capítulo me vino cuando llevaba escritos unos dos tercios del libro y pronto se convirtió en una necesidad. Me encanta leer los juegos literarios creador por autores como Sterne, Flann O’Brien o BS Johnson, así que pensé que a mis lectores también podrían interesarles. Así todo, el final ha provocado algunas reacciones un tanto extremas. Muchos lectores han declarado sentirse “traicionados” por este final, pero la idea que se esconde detrás de ese último capítulo es muy simple: si es cierto, como postula la novela, que las relaciones reales son más valiosas que las virtuales, ¿cómo podemos aplicar esta tesis a las relaciones que crean tanto los autores como los lectores con los personajes de las novelas que escriben y leen? Éstas también son unas relaciones virtuales y, a pesar de ello, seguimos considerando la literatura como algo valioso en lo que merece la pena gastar el tiempo de uno, al contrario de lo que pensamos sobre jugar videojuegos o pasar el tiempo en Facebook. Sólo he querido plantear esta cuestión de un modo divertido y, espero, entretenido.

La Rosa Candida de Auður Ava Ólafsdóttir

La novela ‘Rosa Candida‘ de la islandesa Auður Ava Ólafsdóttir ha sido el último de los fenómenos de una literatura nórdica que nos tiene más acostumbrados a tratar temas policíacos que historias poéticas como la que nos ofrece esta autora.

Eso es lo que nos hizo entrevistarla para la revista AUX Magazine en un texto que reproducimos a continuación y que se publicó originalmente bajo el título ‘Una rosa entre la lava‘.

El éxito de la trilogía ‘Millennium‘ de Stieg Larsson consiguió acercar a nuestras librerías la literatura nórdica, pero también nos hizo creer que los vikingos disfrutan de la literatura si y sólo si hay un mínimo de un crimen de por medio… siendo siempre preferible que haya alguno más, claro está.

Auður Ava Ólafsdóttir, autora del último de los descubrimientos literarios al otro lado del Atlántico Norte, nos avisa de que “en las páginas de ‘Rosa Candida‘ no hay ningún asesinato. La literatura negra“, sigue, “no es más que un fenómeno internacional relativamente nuevo en Islandia que usa algunos clichés y estereotipos de género que la hacen igual en todas partes. Yo estoy particularmente interesada en los grandes eventos de la vida, como el nacimiento, la muerte y… realmente todo lo que sucede entre medias: especialmente el modo en el que llegamos a entrar en contacto con otras personas y cómo esas relaciones que vamos estableciendo terminan de conformar quién somos”.

Rosa Candida‘ cuenta la historia de Lobbi, un joven de 22 años que emprende un largo viaje después de la muerte de su madre. A pesar de que el objetivo más visible de ese viaje sea el de hacerse cargo del jardín de un monasterio al que llevará unos ejemplares de la Rosa Candida que da nombre a la novela, su objetivo real será el de hacer que Lobbi llegue a conocerse a sí mismo. “Podría decirse que ‘Rosa Candida‘ es una novela existencialista“, comenta la autora al hilo de esto, “pero yo prefiero pensar que es una novela imposible de clasificar”.

Auður Ava Ólafsdóttir ha querido escribir una historia llena de poesía, que “sublime los lugares comunes del día a día hasta convertirlos en algo más elevado“. Éste ha sido su modo de tratar de “expresar algo complejo de un modo muy simple. Quería que el libro fuera de fácil lectura, pero que, aun así, resultara profundo. Si el lector profundiza lo suficiente en el texto, podrá encontrar en él los conflictos filosóficos que han caracterizado desde siempre la existencia humana”.

“La publicidad y los medios de comunicación dan normalmente una imagen muy simplista de lo que es un hombre”, explica la autora al preguntarle por el nuevo arquetipo masculino que ha creado al dar vida a Lobbi. “Así que decidí contar la historia de cómo un joven se convierte en adulto a través de la paternidad. Mi héroe no es el primer hombre del mundo en recibir la llamada de una extraña para informarle de que ésta está esperando un hijo suyo. Me he querido centrar en los diferentes roles que desempeña el hombre a lo largo de su vida (hijo, hermano, padre, amante…) para construir esta historia que quiero que se perciba como un homenaje a los hombres.

Otra de las cosas en las que he querido profundizar”, prosigue, “es la sensibilidad masculina. Y para ello he tenido que romper con algunas ideas preconcebidas de lo que es un hombre y de lo que es una mujer. He decidido crear mis personajes sin tener en cuenta su sexo, olvidándome de todo prototipo anteriormente creado”.

El lenguaje es algo muy importante en todas las novelas de la islandesa, y en este caso es el encargado de aislar a Lobbi y de hacerlo volcarse sobre sí mismo. “Pienso”, explica la autora, “que el lenguaje está sobrevalorado en la comunicación humana, no creo que sea posible conocer a otras personas sólo a través de las palabras. Dicho esto, también creo que es una herramienta que se usa de un modo demasiado poco efectivo hoy en día. Más que para entender el mundo, parece que se use para justificar quién manda sobre él y para domeñarlo a los deseos de ese alguien”.

“De pequeña”, prosigue sobre este tema, “enseguida fui consciente de hablar un idioma entendido sólo por unos pocos e inaccesible al resto del mundo. Y como escritora creo que es un gran privilegio éste de poder escribir en un idioma hablado sólo por 320.000 personas. Cada uno de los idiomas que hay en el mundo es igual de importante que el resto porque da forma a un modo único de pensar. El joven protagonista de ‘Rosa Candida‘ viene de una isla y habla un idioma utilizado por muy poca gente. Pero, cuando llega a su destino, se pone como meta aprender un dialecto hablado todavía por menos gente. Nada de eso es una coincidencia”.

Estas ideas sobre el lenguaje se van desarrollando a lo largo de toda la novela de diferentes formas. El padre Thomas “habla muchos idiomas pero no consigue entender mejor por ello las cosas que suceden a su alrededor”, el hermano de Lobbi “es un autista que no sabe mentir”… y todo ello hasta llegar hasta nuestro protagonista y a su obsesión por el cuerpo, la comida (otra forma de convertir en tangible lo intangible) y la belleza. Y es que “en algunas ocasiones”, explica la escritora, “todo lo que uno puede hacer para conocer a alguien es sentir su cuerpo”.

Es una pena que la traducción del título que hace la edición en castellano de esta novela pierda, inevitablemente, la polisemia original. ‘Afleggjarinn‘ tiene “un total de tres significados: el primero de ellos es una carretera secundaria, un camino que cuenta con innumerables vueltas y revueltas y que no sabes demasiado bien adónde puede llevarte; el segundo de ellos es una flor, esta Rosa Candida que ha sido elegida como título en castellano, y por último también es así como se le llama a un niño que es hijo tuyo”.

La riqueza de estas acepciones toma cuerpo en la hija de Lobbi: una niña presentada como un ser maravilloso que cura los achaques de las ancianas vecinas de nuestro protagonista y que tiene un misterioso parecido con una escultura del niño Jesús que hay en la iglesia del pueblo. Y es que “¿no son los niños la luz del mundo?”, se pregunta la autora. “Y también son su futuro. Tratando el libro el tema del crecimiento a través de la paternidad, ¡era inevitable que saliera algún niño!”

Entrevista a Guadalupe Nettel: ‘El cuerpo en que nací’

De un tiempo a esta parte, se ha dado una coincidencia bastante reveladora: toda una serie de autores nacidos alrededor de la década de los 70 entre los que se encuentran nombres como el de la mexicana Guadalupe Nettel, el español Marcos Giralt Torrente o el argentino Patricio Pron han publicado sendas novelas metaficcionales a medio camino entre la autobiografía y la obra de ficción.

Algunos de ellos hunden más sus pies en la realidad (o al menos en el modo en el que ellos recuerdan esa realidad), otros dejan que sea la ficción la que tome las riendas en ese trabajo de recordar… pero todos ellos echan la vista atrás para buscar en la figura de sus padres la razón de ser de las personas en las que se han convertido con el paso del tiempo.

Queremos empezar esta serie de entradas dedicadas a estas autobiografías con una entrevista que realizamos en la revista AUX Magazine a Guadalupe Nettel con motivo de la publicación de ‘El cuerpo en que nací‘ y que dimos en titular ‘Autobiografía de lo extraño’.
¿Qué importancia tuvo la enfermedad ocular que vertebra ‘El cuerpo en que nací’ a la hora de dedicarte a la literatura?
Yo nací con lo que todavía suele llamarse un defecto de nacimiento relacionado con la vista. Tenía (todavía lo tengo) un ojo más chico que el otro y veía bastante menos que la media. Durante mi infancia tuve una visión del 10%. Por eso me interesa tanto el tema de la vista y también el de la normalidad/anormalidad. He tratado esos dos temas en casi todos mis libros, sobre todo en ‘Pétalos’ y ‘El huésped’.
La literatura aparece muchas veces relacionada de un modo u otro con este concepto de enfermedad.
Y dentro de esas enfermedades, las que se refieren a la vista son las más presentes. Existe un vínculo enigmático entre la ceguera y la literatura. La leyenda quiere que Homero, el supuesto autor de la ‘Iliada’ y la ‘Odisea’, sea ciego aunque los primerísimos indicios de su existencia no contemplen esta información. Los escritores que se han quedado ciegos no son pocos y también hay una gran cantidad de novelas que tratan el tema de la ceguera… Escribí un ensayito al respecto porque el tema me apasiona.
¿Ha tenido un fin terapéutico la escritura de esta novela como sugiere la presencia de la Dra. Sazlavski? 
Es cierto que toda escritura es liberadora, pero mi objetivo no era únicamente terapéutico. Me interesaba también recrear esa época tan peculiar que fueron los años setenta, sus usos y costumbres, y homenajear a algunas de las personas que conocí entonces, como los hijos de los exiliados latinoamericanos que poblaron mi niñez. 
Hace un par de años publicaste en la revista Letras Libres un texto titulado también ‘El cuerpo en que nací’, en el que tratabas muchos de los temas que tratas en esta novela y tocabas también otros periodos como tu estancia en San Cristóbal de las Casas. ¿Fue ese texto el embrión de esta posterior novela? 
Sí, coincidió con la época en la que tuve a mi primer hijo. Escribí ese texto un par de meses después de dar a luz para un número sobre la autobiografía precoz. Juntar la experiencia de la maternidad con el ejercicio de hacer memoria sobre mi propia niñez abrió el grifo a todos esos temas que esperaban el momento de ser abordados. La reflexión sobre mi infancia me obsesionó durante un tiempo y, poco a poco, fue apoderándose de la novela que estaba escribiendo en ese momento (y a la que he vuelto ahora) obligándome a escribir este otro libro que no estaba planeado. 
‘El cuerpo en que nací’ transita por México y Francia, pero ni ese México es el México típico al que nos tiene acostumbrado la literatura, ni esa Francia es la Francia típica que conocemos por los libros. 
Creo que mi generación es una de las primeras en estar globalizadas. Yo crecí primero entre niños de exiliados de toda América Latina y después entre inmigrantes de África, de la India y del mundo árabe en general. También entre mexicanos y franceses. Y eso es un poco lo que cuento en este libro: la experiencia de ser y de vivir entre inmigrantes y, en particular, en ambientes marginales. El barrio en el que crecí en Francia estaba considerado de alta delincuencia y a mi colegio iban los vecinos de ese lugar. Era gente pobre y en muchos casos muy frustrada que vivía expuesta a la violencia y con oportunidades muy reducidas. Cuando veo los disturbios que se producen ahora en las banlieues, recuerdo a esos chicos que ahora son mayores y me parece lógico que actúen de esa manera. 


Esta noción de marginalidad, o al menos de anormalidad, es muy importante en todas tus obras.
 
Creo que lo normal y lo anormal son categorías muy estúpidas que han estado vigentes desde siempre en prácticamente todas las sociedades y que tienen que ver más con valores estéticos, morales, de clase y raciales que con la medicina. Estas categorías están en el origen de la discriminación y del racismo: el miedo a lo diferente, a aquello que nos cuestiona. En mis textos critico estas actitudes y estos parámetros preestablecidos y sostengo que la belleza humana es semejante a la de una obra de arte. Se esconde en la fuerza que irradian los seres vivos (las obras de arte a su manera también lo son), en esa condición única e irrepetible que conmueve y sorprende a la vez. 
Si evocar un recuerdo supone modificarlo sin darnos cuenta, supongo que la escritura de ‘El cuerpo en que nací’ también ha debido de tener mucho de elaboración y reelaboración de tus recuerdos de niñez. ¿Hasta qué punto es autobiográfica esta novela y hasta que punto es una autoficción? 
Cualquier autobiografía, por apegada que esté a los hechos, acaba siendo ficción. La realidad -sobre todo cuando nos referimos a las relaciones entre seres humanos- es algo a lo que no tenemos acceso si no es pasándola por el prisma de nuestra interpretación. Yo era conciente de esto y sabía muy bien que, al elegir contar ciertos episodios y desechar otros, estaba recortando un perfil determinado. El perfil que le quise dar fue este énfasis en la marginalidad física, psicológica, geográfica y social. Me interesaba desarrollar esta idea de “los trilobites y las cucarachas del mundo unidas”. 
En estos últimos meses nos están llegando muchas obras con tintes autobiográficos escritas por autores nacidos en los setenta. ¿Cómo recuerdas ahora esa década, ese tiempo de ausencia de límites y de búsqueda de nuevos horizontes?

Es verdad que a mis contemporáneos les interesa recordar la infancia y hablar de la época tan peculiar en la que crecieron. A mí me tocaron muy profundamente los libros de Marcos Giralt Torrente, Alejandro Zambra y en el ámbito anglo sajón el de Nick Flynn ‘Una noche de mierda en esta puta ciudad’. Siento que mi libro está en resonancia con ellos, pero también libros más antiguos que se inscriben en el mismo género como ‘El lamento de Portnoy’ de Philip Roth, ‘La promesa del alba’ de Romain Gary o ‘Autobiografía de mi madre’ de Jamaica Kincaid.

Nace Alfaguara Digital

La nueva colección de Alfaguara nace con la vocación de afianzar los puentes literarios con Latinoaméricaofreciendo a los lectores en español obras en formato ebook hasta ahora inaccesibles fuera de sus mercados locales. 

Alfaguara Digital desafía los límites geográficos de la edición en papel y lanza una propuesta que supone ampliar el mercado de los libros en lengua española a todos los países que comparten el mismo idioma.  

“Esta oferta exclusivamente digital permitirá que los lectores tengan acceso a la mejor literatura que se produce en nuestra lengua. Antes, el tema de la circulación del libro era el gran asunto de nuestro trabajo editorial, hoy el libro digital permite que los títulos estén disponibles en todas partes, manteniendo la misma coherencia de catálogo, el rigor a la hora de presentar los contenidos, así como la calidad de los mismos”,
afirma Pilar Reyes, directora Editorial de Alfaguara.

El catálogo de Alfaguara Digital incluye obras poco conocidas de prestigiosos autores a la vez que descubre para el lector nuevos e interesantes nombres de la literatura argentina, boliviana, chilena, colombiana y mexicana. Un catálogo de más de 100 títulos de autores latinoamericanos ordenados por país que en los próximos meses se irá enriqueciendo y ampliando con autores y obras de otros países,consolidando uno de los fondos literarios más ricos y variados del idioma.

A punto de cumplir 50 años, Alfaguara (1964) se ha convertido en la editorial de referencia en el campo de la creación literaria en lengua española, fruto de cinco décadas publicando lo mejor que se escribe en España y Latinoamérica. Con una marcada vocación global desde su fundación, Alfaguara ha tenido como objetivo romper con las fronteras impuestas a la lengua común, y el nacimiento de esta colección digital contribuye a este propósito. Al mismo tiempo, brinda a los lectores la posibilidad de tener una buena experiencia de lectura a través de distintas plataformas y dispositivos. “Alfaguara Digital hace uso de las nuevas tecnologías para darle nueva cara a una idea antigua: publicar buena literatura”.

Los títulos que componen esta colección tienen un precio medio de 9,99 euros (desde los 4,99€) y estarán accesibles en las librerías digitales de Amazon, Apple, FNAC, El Corte Inglés, Casa del Libro, los canales atendidos por Libranda, y otro centenar de librerías on-line

A golpe declick, Alfaguara Digital incluye obras de los autores argentinos Héctor Tizón, Liliana Hecker, Pablo Ramos, Silvia Iparraguirre; del boliviano Claudio Ferrufino; de los colombianos Alonso Sánchez Baute, Héctor Abad Faciolince, Andrés Burgos; de los chilenos Hernán Rivera Letelier, Andrea Maturana, Alberto Fuguet, Juan Forch; de los mexicanos Ethel KrauzeHomero Aridjis, Hernán Lara Zavalaentre otros muchos nombres.