Hace algún tiempo leí un artículo acerca de lo que algunos llamaban el muro creativo y aquí estoy yo, hablándoos ahora sobre mi propio muro (me gustaría enlazaros ese artículo, como siempre, pero no lo encuentro por ninguna parte… juraría que estaba en el blog Write to Done: no es el mejor que he leído sobre creación literaria, pero a veces hay artículos interesantes)

Cada autor percibe este concepto de muro creativo de un modo diferente y, sobre todo, choca contra él en un momento diferente. En mi caso, la barrera está en las 100 páginas.

Para cuando el manuscrito llega a esta extensión ya llevo bastante tiempo robando minutos a mi vida familiar y haciendo que mi tiempo libre sea virtualmente inexistente. Tengo ya un déficit de sueño bastante importante y  he anotado ya varios cambios de cierto calado que me gustaría hacer una vez terminado ese primer borrador.

Todo esto, añadido a la inseguridad de lo que pasará con la novela una vez finalizada, corregida y pasada por el filtro de mi particular sistema de calidad, me hace preguntarme una y otra vez para qué estoy escribiendo esta novela.

Cuando la termine, mandaré algunas copias a varias editoriales que ya tengo en mente. No demasiadas, sólo aquéllas en cuyo catálogo encaje mejor la novela, porque creo que lo contrario es contraproducente. Aun así, lo más probable es que el manuscrito sea rechazado… con una amable carta animándome a enviar a la editorial algún otro manuscrito futuro en el mejor de los casos. Luego pasaríamos a los concursos o a la autoedición vía Amazon, donde la novela, una vez más, tiene más probabilidades de perderse en medio de un marasmo de títulos que de obtener esas ventas millonarias de las que habla la prensa norteamericana.

Entonces… ¿para qué estoy escribiendo esto?

La verdad es que no lo sé.

Supongo que en primer lugar porque tengo que hacerlo. Porque creo en la novela y porque pienso que, si me he reído a mandíbula batiente al escribir alguno de los pasajes, los lectores también disfrutarán con ella.

Por eso estoy intentando derribar este muro página a página, porque sé cuando lo haya reducido a escombros las palabras volverán a fluir como antes y estaré más cerca de mi objetivo.

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El muro de las 100 páginas (El Making Of de una novela III)

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