Irvine Welsh ha sido siempre un escritor controvertido. Welsh nació y creció en Edimburgo y vivió codo con codo con esos personajes que pueblan su peculiar mundo literario: unas personas que viven al margen del sistema, pero a las que Welsh tampoco cree que les quede otro remedio.

“Realmente creo que estas persona nunca han tenido la oportunidad de elegir”, explica el propio Welsh al preguntarle sobre la naturaleza de sus personajes. “El futuro de la mayor parte de la gente joven que vive en los estratos menos acomodados de la sociedad británica ha sido simplemente destrozado por el modo en el que las clases más pudientes están gestionando nuestro presente. De hecho, creo que el futuro de esta gente está hipotecado al menos durante dos generaciones, y no me da la sensación de que nada de todo esto esté mejorando”.

A pesar de que Welsh escriba desde lo concreto, reproduciendo los modelos que vio una y mil veces a lo largo de unos años de juventud en los que esta clase obreramás desfavorecida tuvo su momento de esplendor mediático gracias al estallido del movimiento punk y llegando incluso a transcribir de modo cuasi-fonético el dialecto de este grupo social, coincide con nosotros al apuntar que dirige su mensaje a un mundo globalizado en el que “la democracia ha sido negada”.

El poder de decisión del pueblo es nulo y las sociedades occidentales “pronto estarán funcionando de facto siguiendo el modelo chino“. Y es que, como bien recuerda el propio Welsh, “China es el país que está cosechando más éxitos ahora mismo. De hecho, y un poco a modo de ejemplo y de pista sobre lo que puede depararnos el futuro, el gobierno chino está comprando todos y cada de los estudios de Hollywood que han entrado en bancarrota a lo largo de estos últimos años”.

Trainspotting‘ fue el primer fogonazo que Irvine Welsh disparó contra nuestras mentes bienpensantes, pero, a pesar de que muchos lo creyeran así, Welsh no había salido de la nada sino que llevaba años curtiéndose en el mundo de los relatos cortos: un género del que sus novelas son tan evidentes como confesas herederas. Evidentes por el fluido entramado de historias cortas que normalmente da forma a las novelas de Welsh, y confesas porque el propio autor ha explicado más de una vez que ‘Trainspotting‘ nació de un grupo de relatos breves que evolucionaron hacia algo diferente.

“Una gran parte de los escritores empiezan en el mundo de la literatura escribiendo relatos“, explica al preguntarle sobre su relación con el arte de la narración breve, “pero tengo la sensación de que la mayoría de ellos tienen la impresión de que su primera novela es una especie de graduación, y yo no estoy para nada de acuerdo con esta idea. Hay autores que logran condensar en un relato todo el contenido profundo de una novela, como por ejemplo Alice Munro o Annie Prolux, y eso es algo más complicado de lo que la gente cree”.

Col recalantada‘, una expresión “muy italiana” que “en su versión original tiene el significado de volver a acostarse con una antigua pareja“, recoge precisamente algunos de los relatos que Irvine Welsh escribió en sus comienzos y los complementa con ‘Yo soy Miami‘, una novela corta escrita posteriormente que pone el contrapunto a esos relatos y muestra la evolución de Welsh como escritor.

Al preguntarle sobre el motivo de esta recopilación, Welsh es bastante sucinto. “He escrito muchas historias a lo largo de todos estos años”, dice, “y muchas de ellas aún me gustan. Creí que sería una buena idea reunirlas en un solo volumen, porque fueron publicadas en unas publicaciones que en su mayoría ya no existen”.

Los tiempos de la eclosión punk fueron especialmente prolíficos en lo que a cultura urbana se refiere y Welsh recuerda algunas de estas publicaciones como “verdaderamente geniales: eran unas revistas y unos fanzines de literatura punk que estaban allí para dinamitar la ortodoxia de las editoriales tradicionales y tratar de abrir grietas en su entramado. Algunas de estas publicaciones, como el ‘Rebel Ink’ de Kevin Williamson, llegaron a tener una influencia muy grande”.

Además de la naturaleza de sus personajes y el modo en el que éstos son descritos, los relatos de Irvine Welsh han tenido siempre ciertas cosas en común como son el empleo del humor para sublimar algunas escenas particularmente escabrosas y el hecho de que la mayoría de sus personajes tengan que enfrentarse tarde o temprano a las consecuencias de sus acciones.

Welsh entiende este humor como “algo necesario, algo sin lo que estas historias no serían soportables”, pero niega que enfrente a sus personajes a las consecuencias de sus actos para conseguir ampliar este efecto humorístico. “El efecto puede conseguirse según y en qué relato”, explica, “pero creo que la redención es un proceso necesario tanto en lo espiritual como en lo social y que sólo puede conseguirse enfrentándose a los propios actos”.

Entre la pléyade de personajes que pueblan los relatos de ‘Col recalentada‘ encontraremos a viejos conocidos como ese Begbie que lo acompaña desde la publicación de ‘Transpoitting‘. De hecho, y a pesar de que él se limite a comentar que “lo importante son las historias” y que “hay algunos personajes que siempre seguirán generándolas”, Welsh lleva dos décadas creando un universo propio en el que sus novelas y relatos breves encajan como si fueran las piezas de un puzzle, y por el que sus personajes campan a sus anchas.

No es de sorprender entonces que la última novela de Welsh, recién publicada en el mercado anglófono, sea precisamente una precuela de ‘Trainspotting‘ que el escocés ha dado en titular ‘Skagboys‘. Y es que estos personajes son ya como “viejos amigos con los que es un placer divertirse”.

Texto originalmente publicado en el número 56 de la revista AUX Magazine
Entrevista Irvine Welsh: ‘Col recalentada’

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