La primera vez que entrevisté a Paco Roca, hace ya un montón de años, me pidió que le enviara dos ejemplares de la revista con la que yo colaboraba por aquel entonces: uno para él y otro para su padre.

Así que, aunque sea por una anécdota tan tonta como ésta, he sentido la lectura de ‘La Casa‘ como algo muy cercano. Aunque tengo que decir que es díficil no sentir como algo cercano ninguno de los cómics de Paco Roca, que es para mí uno de los más brillantes autores que tenemos en España ahora mismo.

Y no sólo por su dibujo, sino que también por sus dotes como guionista.

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La necesidad de dibujar ‘La Casa‘ surgió en un momento muy complicado para el dibujante: acababa de perder a su padre, al mismo tiempo que él mismo se convertía en padre. Así que ‘La Casa‘, además de un evidente homenaje a su padre, es un trabajo sobre el recuerdo, sobre el paso del tiempo y sobre todo lo que dejamos atrás cuando desaparecemos de la faz de la tierra, que es mucho.

Una de las virtudes que más admiro en Paco Roca es su medido minimalismo.

Sabe trazar una escena en dos frases (“-Va muy mal la cerradura. ¿Estás seguro de que es ésa la llave? / -Sí, claro. No puede ser otra… creo”) y elegir como nadie los pequeños detalles en los que se esconde el misterio de un momento.

Como en esta página en la que habla del modo en el que los protagonistas se enfrentan a los recuerdos que ha dejado en la casa ese alguien que no podrá habitarla nunca más… que también son los recuerdos que han ido dejando todos ellos.

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Astiberri, como siempre, sigue cuidando con mimo sus ediciones. Y en este caso creo que el formato apaisado en el que se ha publicado ‘La Casa‘ es todo un acierto. Es un formato que le pide a uno coger el libro con las dos manos y apoyarlo en su regazo, un poco casi como si lo meciera, que es lo mejor que puede hacer uno con un cómic que emociona en cada página.

Si he empezado esta breve reseña con una anécdota, quiero terminarla con otra.

Ayer por la noche estaba poniéndole el pijama a la pequeña Amutxategi, cuando vio que tenía sobre la mesilla ‘La Casa‘ de Paco Roca.

Le llamó la atención la portada y me pidió que se lo enseñara. Estuvimos ojeándolo y estuve explicándole algunas cosas. El uso de los colores, el significado de algunos trazos, etc. Ella tiene cuatro años y un ansia de saber incontenible, así que bebió mis explicaciones como si fueran algo más que los balbuceos de un padre que no sabe demasiado de nada.

El caso es que, una vez puesto el pijama, me pidió que le leyera el cómic.

Para que luego digáis que los niños no son sabios.

‘La casa’, de Paco Roca
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