O la amas o la odias, pero está claro que ‘La Hermandad de la Biblia Perry‘, de Nicholas Gurewitch, no te va a dejar indiferente. 

Yo he pasado por esos dos estados, transicionando lentamente del segundo al primero y creo que el hecho de que me haya costado un poco entrar en el particular universo de Gurewitch se debe a que las primeras páginas de ‘La Hermandad de la Biblia Perry‘ estén protagonizadas por unos chistes de penes que el propio autor reconoce, en la entrevista que cierra el volumen, que no cree que sean demasiado apreciados por algunos críticos.

No es que a mí me disgusten este tipo de chistes ni mucho menos, pero yo particularmente necesito que los penes protagonistas de estos chistes hablen entre ellos de Godard o de Schopenhauer para que me resulten atractivos. Un poco lo que sucedía con ‘Muchachada Nui‘, que lo mismo te soltaban un “ya Boy George“, que te hablaban de Michel Gondry, que te contaban las aventuras de unas turgentes posaderas.

Me culpa: necesito sublimar mi pasión escatológica a través de la [supuesta] alta cultura para justificarme ante mi Superyó, pero todos tenemos taras. 

Había perdido ya la fe en esta Biblia cuando algo hizo clic dentro de mi cabeza y me granjeó el acceso a su Tierra Prometida. Creo que fue cuando Gurewitch pasó a tratar otros temas como la muerte [soy una de esas personas a la que les gusta reírse de los culos, sí, pero a las que les gusta todavía más reírse de un esqueleto con guadaña, mi último proyecto literario es un fiel reflejo de ello].

Tras su aspecto aparentemente naif, el universo de Gurewitch es un universo cruel y despiadado. Un poco como éste en el que nos ha tocado vivir, sólo que con risas enlatadas al final de cada tira, que es algo que siempre echo mucho en falta en mi decurso diario.

Las tiras de ‘La hermandad de la Biblia Perry‘ empezaron a publicarse en The Daily Orange, el periódico de la Universidad de Siracusa, en forma de entregas semanales (inicialmente se publicaba los domingos, de ahí que el autor se refiriera a ellas como a una Biblia).

Pero la obra de Gurewitch obtuvo tanta repercusión que pronto llegó a publicarse en periódicos como New York Press o The Guardian. Todo esto sin traicionarse a sí mismo en ningún momento. De hecho, es curioso ver cómo la versión final de las tiras de Gurewitch no es la publicada en el periódico de turno, sino la que él termina por incluir en su página web tiempo después.

El afán de perfeccionismo de Gurewitch lo lleva a jugar, no sólo con los temas y las diferentes formas de representar a cada personaje, sino que también con las tipografías hasta llegar a convertirlas casi en un personaje más de la tira.

Imita a Edward Gorey cuando se tercia, a Quentin Blake… y sobre todo se divierte mientras nos hace pensar, escandalizarnos y, sobre todo, reír a mandíbula batiente por mucho que lo hagamos en voz baja por temor a que nos califiquen como mínimo de desalmados.

Como siempre, la edición en la que Astiberri reúne las tiras de ‘La Hermandad de la Biblia Perry‘ es excelente y, además del ya de por sí interesante hecho de mostrar toda la evolución de Gurewitch en un sólo tomo, se complementa con una entrevista en profundidad hecha por Malki para la revista Illiterate en 2008 y una serie de tiras desechadas en las que el propio autor explica qué es lo que le hizo dejarlas a un lado.

Yo, si fuera tú, no me lo perdería.

‘La Hermandad de la Biblia Perry’, Nicholas Gurewitch

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